Creía que mi padre era Dios

Todo surgió a raíz de una entrevista que Rebeca Davis (productora del programa de radio “Weekend All Things Considered”) realizó a finales de septiembre de 1999 a Paul Auster. A través de aquella entrevista, Paul Auster hizo público a los oyentes el proyecto de escribir historias verídicas. En total, recibió más de 4000 historias, la mayoría lo suficientemente atractivas como para atraparle de principio a fin.

<<Nunca he sido perfecto, pero soy real>>, esa frase escrita por un veterano de guerra del Vietnam, le servía a Paul Auster como lema de su proyecto nacional de radio. De aquellos relatos que le fueron llegando, el escritor norteamericano seleccionó los 179 que conforman el volumen Creía que mi padre era Dios.

Los precipitados acontecimientos políticos y sociales que se fueron gestando a finales de la década de los ochenta, concluyeron en un acontecimiento histórico sin precedentes que cambió por completo la geopolítica mundial: los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

Lejos estaba Paul Auster de pensar lo que podría acontecer ese fatídico día, que quedará grabado a fuego en el corazón de todos los norteamericanos. Sin embargo, este libro aparenta ofrecer una lectura para después de la batalla: el descanso del guerrero. Parece casualidad -y no sé si lo es-, pero el sentimiento que subyace en el fondo es el de quienes buscan desesperadamente un rumbo, una tabla de salvación en un mundo a la deriva.

Creía que mi padre era Dios es una colección de fragmentos de la vida americana, escritos por personas de todas las clases sociales, de distintas edades y razas. Personas anónimas que en algún momento sintieron la necesidad de compartir un sentimiento, de contar una historia particular, de rememorar un momento pasado, de explicar cómo la casualidad transformó sus vidas para siempre o de desvelar un secreto porque su ocultación les ahogaba.

Testimonios breves, sencillos, directos, escritos sin mayor pretensión literaria que la de compartir un instante o un recuerdo. Quizás, por ello, gusta tanto este libro. Quizás, incluso, al propio Auster le hubiera encantado escribir alguna de aquellas historias que en su momento le iban llegando.

Este libro no es de Auster, quede claro. Pero bien podría haber sido escrito por él, pues nadie mejor hubiera seleccionado y cuidado la edición de esta manera. Auster, editor del libro, dividió los relatos por temáticas. Así, comienza el libro con aquellos sobre animales, continúa con los de objetos, familias, disparates, extraños, guerra, amor, muerte, sueños, para finalizar con meditaciones.

Recojo las palabras del relato de Amani Rozsa, Una tristeza común y corriente, con el que concluye el volumen y que bien podría valer como síntesis de todos los relatos: <<Yo no tengo muertes ni viajes dignos de ser contados. No tengo golpes de suerte espectaculares ni tragedias increíbles. Solo tengo una tristeza común y corriente>>.

Creía que mi padre era Dios es mucho más que el título de uno de los relatos, que además da nombre al libro. ¿Quién es ese padre todopoderoso que abandona al hijo a su suerte?

Auster es Dios.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: