Los fantasmas de Oxford

A Manuel Alberca*, Catedrático de Literatura de la Universidad de Málaga, le debo haberme introducido en la obra de uno de los autores más imprescindibles de la literatura española y europea de los últimos treinta años. No hay libro ni día que no me traiga a la memoria las didácticas y amenas lecciones de este admirado profesor que, en la asignatura de Narrativa literaria, de tercero de carrera, nos introdujo en la autoficción literaria de la mano de autores como Juan Goytisolo, Enrique Vila-Matas o Javier Marías. Todo el cuatrimestre lo dedicamos a estudiar este género o seudogénero literario y a leer novelas como Todas las almas (1989) que, a buen seguro, es la primera novela de autoficción de Javier Marías. Precisamente, poco tiempo después de su publicación, su autor fue avisado de que cuanto su narrador contaba y decía podía achacarse a él.

La autoficción es un género al que si hubiera que relacionarlo con un escritor, sería sin lugar a dudas, Javier Marías (Madrid, 1951). En ningún otro escritor se mezclan tan bien la supuesta biografía y la ficción como se aprecia en las obras de nuestro Rey de Redonda. No vamos a culpar a nadie, pero el propio autor ha contribuido de alguna manera a que los lectores fabulen sobre su vida.

Todas las almas narra la historia de un joven profesor español que imparte clases de traducción en la Tylor Institution de Oxford y que mantiene relaciones esporádicas con Clare Bayes, una mujer casada. A esta historia de infidelidades, se une la amistad que mantiene con otros personajes ilustres y singulares como su amigo Cromer-Blake, un homosexual irónico que se dedica a inventar experiencias intensas para una vejez que prevé solitaria  y el sagaz profesor Toby Rylands. No obstante, a lo largo de estas páginas Marías tiene tiempo de realizar un personal homenaje literario a Arthur Machen –de cuya literatura confiesa ser ferviente admirador- y a John Gawsworth, el increíble rey de Redonda que jamás vio su reino pero lo vendió varias veces y se hizo llamar Juan I. El narrador —que, como el propio autor, fue profesor de Literatura española en la Tylor durante dos años— evoca tras la muerte de algunos amigos de aquellos años, su estancia en la ciudad anclada en el pasado. En ese recuerdo aparecen las vidas que se entrecruzan de Cromer-Blake y Toby Rylands.

La fuerza de Todas las almas reside también en su atractivo título que se le ocurrió al poeta Álvaro Pombo quien, una noche y sin haberla leído, le dijo con autoritarismo: «Una novela que pasa en Oxford ha de titularse por fuerza “Todas las almas”, trate de lo que trate».

Esta novela es un perfecto ejemplo del estilo narrativo de Javier Marías donde abundan los episodios y las anécdotas que, aunque a priori no parecen determinantes, en el transcurso de la historia cobran fuerza y sentido. Por eso, quien se acerque por vez primera a su obra a través de esta novela (la más recomendable para hacerlo) ha de estar preparado para la multitud de digresiones que salpican la narración, porque como hemos dicho no es tan importante la historia como las pequeñas anécdotas y los pensamientos y reflexiones del narrador-protagonista. Algunas se hacen pesadas, como el episodio que recrea la cena de bienvenida en el High College de Oxford que se extiende a lo largo de 35 páginas.

Lo bueno de algunas novelas es que no terminan en la última página, sino que continúan más allá de lo que deseara su propio autor. Eso fue lo que sucedió con Todas las almas, pues literalmente a Javier Marías los personajes se le rebelaron y se salieron del texto para tomar protagonismo en la vida real…Y es que el hecho de que el autor hubiera vivido en Oxford y hubiera impartido clases en la Universidad, fue patente de corso suficiente para que los lectores y sus enemigos más acérrimos comenzaran a fabular. Por eso no es de extrañar que de la creación de Todas las almas y sus consecuencias, hablase Marías con posterioridad en su libro posterior Negra espalda del tiempo (Alfaguara, 1998), título que toma nombre de una frase de su anterior novela Mañana en la batalla piensa en mí (Alfaguara, 1996) y que dice lo siguiente: «La frontera es delgada y todo está expuesto a los mayores vuelcos –el revés del tiempo, su negra espalda–».

En sus propias palabras el hecho de que el protagonista de la novela diera clases durante dos años en la Tylor era un préstamo literario. «Poco de lo que en el libro se cuenta coincide con lo que yo viví o supe en Oxford, o sólo lo más accesorio y que no afecta a los hechos: el ambiente amortiguado de la ciudad reservada o esquiva y sus profesores atemporales […], las oscuras y minuciosas librerías de viejo», aseguró Marías años más tarde en Negra espalda del tiempo.

Ese ambiente brumoso y misterioso, esos amores clandestinos, esa ciudad que siempre guarda una sorpresa al visitante…Eso es lo que hace mágica esta novela donde no importan las condenas por lo dicho y ocultado porque el lector quedará atrapado en un estilo que pone de manifiesto el talento de una prosa evocadora y sugerente.

*Manuel Alberca publicó en 2007 El pacto ambiguo. De la novela autobiográfica a la autoficción, Madrid: Biblioteca Nueva, 2007, 329 págs.

 

Literaria Comunicación,
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