Alimentos que sanan

Los alimentos como las caricias, pueden reconfortarnos y seducirnos.

Las personas utilizamos la comida y la bebida como un medio para cambiar nuestro estado de ánimo: tomamos café para ponernos en marcha; un poco de chocolate para darnos un capricho y una copa de champán cuando tenemos algo que celebrar. En definitiva, la comida encarna la manera en que nos reconfortamos, nos damos un placer o agasajamos a los demás. Sin embargo, últimamente están apareciendo numerosas investigaciones que relacionan los alimentos con un efecto positivo, tanto a nivel físico o emocional. Y a ello se han dedicado Alexandra Massey y Anita Bean, quienes recopilan en Los superalimentos que curan (Ed. Robin Book) las investigaciones llevadas a cabo en las universidades más prestigiosas del mundo, confirmando que si ingerimos los alimentos adecuados en el momento preciso, nuestra química estará equilibrada y sentiremos los beneficios.

El yantar del alma

Los comedores emocionales tratan de llenar su corazón hambriento.

Durante décadas los expertos han defendido la importancia de una alimentación sana por motivos de salud, pero pocos determinan la relación entre comida y felicidad. Lo cierto es que existen sustancias químicas emocionales como la serotonina (asociada a la felicidad), la dopamina (que conduce a la búsqueda del placer) o la noradrenalina, eficaz para combatir el estrés. Sin embargo, no solo nos afecta aquello que excluimos, pues cuantos más alimentos ricos en grasa, sal o azúcar ingiramos, menor será nuestra felicidad. En este sentido, las autoras ponen el dedo en la llaga al acusar al incremento del consumo de productos lácteos procesados de ser los causantes del empeoramiento de nuestro estado de ánimo. Por el contrario, las legumbres han dejado de consumirse a pesar de ser excelentes para vencer la depresión y aumentar nuestra energía. Es más,  el efecto que puede tener sobre nuestro organismo el consumo de lácteos (leche, queso, yogures, natas, etc.) puede llegar a ser realmente tóxico a nivel intelectual debido al alto nivel de grasas saturadas que contienen los lácteos y que provoca un empobrecimiento de la circulación cerebral, inhibiendo así la síntesis de neurotransmisores.

Pero aquí no acaba el asunto.

Osteoporosis = consumo de leche

Un estudio de la Escuela médica de Harvard, realizado con una muestra compuesta por 75.000 mujeres durante un periodo de doce años, concluye que el incremento del consumo de leche no tiene un efecto protector frente a la osteoporosis. De hecho, han llegado a deducir que existe mayor riesgo de fractura en las mujeres que consumen productos lácteos. La razón se halla en que la proteína de la leche crea ácidos fuertes en el flujo sanguíneo y el cuerpo debe trabajar duro para neutralizarlos. Para ello, tomará calcio de los huesos con el fin de neutralizar los niveles de acidez. Además, dado que la leche desnatada y semidesnatada tiene menos grasa pero contiene más proteína, el hígado deberá trabajar más y por ende, requerirá mayor calcio de nuestros huesos.

Somos lo que comemos

¿Sabía que el pan blanco es un estimulador de la depresión? ¿Que el déficit de zinc y vitamina B se asocia a la irritabilidad y a comportamientos antisociales? ¿O que uno de los alimentos que nos hace sentir mal es el azúcar?

Ya lo decía Hipócrates (460 A.C) al aconsejar: «que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento».

Las hamburguesas son tan adictivas como las drogas.

Algunos científicos alertaron hace una década de que las elevadas dosis de grasas y azúcares contenidos en los alimentos procesados, podrían ser tan adictivas como la nicotina y las drogas. Y lo son, a tenor de los términos «trastorno alimentario», «alimentación compulsiva» o «adicción a la comida» que describen conductas extremas y peligrosas que tienen su origen en el subidón que proporcionan las patatas chips, el chocolate, las galletas, las pizzas, entre otros.

EFECTOS NEGATIVOS DE LOS ALIMENTOS

Fatiga crónica

Depresión

Pérdida de la libido

Migraña

Problemas de memoria

Piel apagada

Insomnio

Tensión premenstrual

Trastorno afectivo estacional

Las teorías que secundan las autoras se fundamentan en una serie de investigaciones que se han desarrollado a lo largo de la última década, como la realizada en la Universidad Rockeffeller de Nuevas York que revela que la comida basura puede causar cambios significativos en la química del cerebro, similares a los que provocan los opiáceos. 

Sin embargo, un consumo correcto y adecuado reportará un sinfín de beneficios a nuestro cuerpo. Por ejemplo, los alimentos ricos en omega-3, como los frutos secos, sirven para vencer la depresión; el brécol ofrece un aporte excelente de ácido fólico para superar la tristeza; los arándanos agrios brindan una defensa natural contra el «colesterol malo»; la sinigrina de las coles de bruselas actúa eliminando las células precancerígenas; el sulfurafano del brécol posee poderosos efectos anticancerígenos; y la vitamina B es necesaria para mantener nuestro metabolismo sano. Asimismo, la miel es uno de los mejores regalos de la naturaleza porque está demostrado que refuerza el sistema inmunitario y vence el ansia de azúcar, además de aportarnos mucha energía y vitalidad.

Los superalimentos que curan no solo es un interesante ensayo dietético, sino también un libro donde encontrará la solución al problema que lo aqueja, poniendo en práctica un plan de diez puntos y alguna de las dietas de siete días, como alternativa para abandonar la «alimentación emocional».

Si come por impulsos; si piensa que algunos alimentos te sientan mal; si necesita echar mano de algún alimento cuando estás triste, la experiencia y profesionalidad de Massey y Bean pueden ser de gran utilidad. Un magnífico libro que recomiendo encarecidamente porque  ayudará al lector a descubrir la relación entre la alimentación y nuestro bienestar. Sin duda, una obra fundamental que no debería faltar en la biblioteca de  todas aquellas personas preocupadas por su salud e interesadas en conocer cómo influye la alimentación en nuestro bienestar.

Datos técnicos

Autor: Massey, Alexandra
Páginas: 240
Tamaño: 13.5 x 21
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-9917-248-4
Género: Autoayuda
Precio: 14,50 €

Agradecimientos Robinbook.


literariacomunicacion@yahoo.es

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