El cuaderno rojo

Esto ha sucedido de verdad. Como todo lo que he escrito en este cuaderno rojo, es una historia verdadera.

Un domingo de 1974, a las ocho de la mañana, suena el teléfono en la casa de Paul Auster. Una llamada que lo despierta sobresaltado y sin haberse repuesto de los excesos de una intensa noche dedicada a su novela. Al oír el teléfono, Auster se percató de que nadie llamaba un domingo tan temprano si no era para dar una noticia que no puede esperar, “y una noticia que no puede esperar siempre es una mala noticia. La persona al otro lado del hilo telefónico le comunicó que su padre acababa de fallecer, un hecho que cambiaría radicalmente el rumbo de su vida: la herencia de su padre salvó su vida y le permitió escribir. Porque antes de poder dedicarse plenamente a la literatura, Paul Auster (Nueva Jersey, Estados Unidos, 1947) fue marino en un barco petrolero, cuidador de una finca en Francia y traductor. Pero si por algo se define este escritor norteamericano es por ser un cazador de coincidencias por obligación moral. Aunque suene extraño, es así.

El cuaderno rojo (Anagrama, 1996) está compuesto por una serie de historias autobiográficas —al menos esa la pretensión del autor—, trece piezas en forma de breves relatos inspirados en su experiencia personal, cuyo hilo conductor es el azar gracias al cual  Auster encontró su propio idioma particular que descubrió siendo niño durante una excursión por el bosque y que el escritor Justo Navarro, que prologa el libro, alcanza a relacionar con el idioma de la fragilidad: “descubrir el poder del azar es descubrir que somos tremendamente frágiles y vulnerables, que dependemos de la casualidad, que una coincidencia estúpida puede destrozarnos en un segundo”. 

Nunca un prólogo fue mejor que un libro, sin embargo debe reconocerse que la valía de este volumen estriba también en las primeras páginas escritas por el poeta Justo Navarro, quien también fue el encargado de traducir esta obra al español.

Por su parte, Felipe Benítez Reyes, con el peculiar acento y humor de los gaditanos, asegura que Paul Auster es “el tipo que está solo en algún sitio y se pone a charlar con nosotros, y se pasa un buen rato contándonos eso, que está solo en algún sitio. Hasta que, por casualidad, se encuentra con Jim o con Tom, o sea, eso, por el azar mismo, y ya se ponen los dos a hablar de esto y de lo de más allá, y así durante un rato, hasta que el tipo se queda solo de nuevo, a la espera de que el azar le brinde otro pasatiempo inexplicable”.

La coincidencia y  los sucesos curiosos han abundado siempre en la vida de Auster. Por mucho que lo intente, por muy disparatados que parezcan, es incapaz de librarse de ellos. Pero son los sucesos inesperados (como la muerte de alguien querido) los que dan un giro a nuestra vida. Historias como la que inspiró su primera novela, Ciudad de cristal (Anagrama) —y que también arranca con una llamada de  teléfono—, han sucedido de verdad. Y es que no existe Dios más todopoderoso que la casualidad y el azar, los cuales rigen la existencia de todo mortal y también la de la literatura austeriana.

Datos técnicos:
Nº de páginas: 96 págs.
Editorial: ANAGRAMA
Lengua: ESPAÑOL
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788433906502
Año edición: 1996

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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