Una partida de caza

Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010) supo plasmar en sus obras el entorno del paisaje castellano y todo lo relacionado con la caza, su gran pasión. Escritor y académico de la RAE, llegó a publicar más de un centenar de novelas desde que en 1948 se diera a conocer con su novela La sombra del ciprés es alargada, por la que obtuvo el Premio Nadal, entre las que destacan El camino (1950), Las ratas (1962), Cinco horas con Mario (1966) y Los santos inocentes (1981) de la que nos ocuparemos en esta reseña.

Los santos inocentes (Ed. Planeta, 1981) es una dramática historia de una familia de sirvientes que trabaja en un cortijo extremeño («del otro lado del cual estaba Portugal», pág. 16) urdida con los pequeños quehaceres diarios de la vida en el campo y la afición de los caciques a la caza, inclinación que también profesó durante toda su vida el vallisoletano. Este conocimiento del mundo rural y de la cinegética centró gran parte de su producción literaria, pero ninguna caló tanto en el público como esta obra.

Esta tragedia lírica, esta denuncia social del drama que vivían en la España de la posguerra numerosos campesinos y trabajadores que tenían que sufrir la humillación y el avasallamiento de los señoritos, no vio la luz hasta 1980 pues a principios de la década de los sesenta, cuando Delibes comenzó a redactarla, sabía sobradamente que no pasaría el filtro de la censura franquista. Parte de ese éxito, además, radica en la adaptación cinematográfica que realizó en 1984 Mario Camus, gracias a la cual, la imagen de Azarías, su protagonista, siempre permanecerá en el imaginario colectivo encarnada por la figura de Paco Rabal.

La familia de campesinos, formada por Paco, el Bajo, Régula y sus hijos (uno de ellos, una niña con una parálisis cerebral) trabajan al servicio de los dueños del Cortijo La Jara, localizado en Extremadura. Su día a día es trabajar, estar a las órdenes de los señoritos; «el que más y el que menos todos tenemos que acatar una jerarquía −dice el señorito Iván−, unos debajo y otros arriba es ley de vida» (pág. 144). Pero Paco y Régula tienen una aspiración: que sus hijos progresen y puedan abandonar la vida que llevan. En ese entorno, los problemas nunca son pocos y, en este caso, crecen cuando Azarías, el hermano de Régula, es despedido de su trabajo en otro cortijo cercano porque según su amo es «un piojoso» que «se orina las manos», y se ve obligado a irse a vivir con ellos. Azarías es un estorbo, otra criatura, como la Niña Chica «ya lo decía la Régula, inocentes, dos inocentes» (pág. 68).  Sin embargo, para ella «no es mala cruz», y a pesar de que don Pedro le aconseja que estaría mejor recogido en un Centro Benéfico, mientras viva, un hijo de su «madre no morirá en un asilo» (pág. 109).

Azarías, por tanto, es el protagonista principal de esta historia, un deficiente con dificultad de expresión, cuyas únicas distracciones son el cuidado de una grajilla a la que cariñosamente llama «milana bonita» y salir por la noche «a la sierra a correr el cárabo para que no se meta en el cortijo» (pág. 110). La tragedia empieza a mascarse cuando en una de las cacerías, el señorito Iván mata al ave, hecho que para Azarías no debería quedar impune…

A pesar de ser una novela breve, Delibes aborda en esta historia un sinfín de temas como la opresión, la humillación, el analfabetismo, la resignación de las clases más desfavorecidas, el desamparo, la marginación, etc.;  cuestiones de una marcada tendencia social que componen un brillante retrato de la posguerra española cargado de lirismo.

Los santos inocentes es una novela planteada y desarrollada de manera impecable, por lo que su lectura en ningún momento supondrá alguna dificultad. No obstante, en ella encontramos aspectos dignos de resaltar como su renovador estilo narrativo, alejado de las convenciones literarias. Para conseguirlo, Delibes reproduce el registro lingüístico propio no solo de los marginados («la milana está enferma, señorito, te tiene calentura», pág. 23; «los muchachos ya te tienen edad de trabajar», pág. 42; «ae, ya veremos», pág. 42; etc.), como de la clase social pudiente (« ¿qué años te tienes tú, Azarías?», pág. 166; «para quieto, Azarías, no me le malees», pág. 167. Asimismo, las expresiones populares y los términos propios de la caza (guita, cachorra grifona, arrendajo, etc.) abundan en la obra, demostrando la gran riqueza léxica de una materia que, a todas luces, será más cercana al lector gracias a los libros de Delibes.

Leer y releer Los santos inocentes en el siglo XXI es una prueba de la vigencia de una obra que se ha ganado a pulso entrar en el canon de los clásicos de la Historia de la Literatura Española.

Ficha técnica

Título: Los santos inocentes
Autor: Miguel Delibes
Editorial: Austral
Fecha de publicación: febrero de 2011
Páginas: 192
Idioma: Español
ISBN: 978-84-08-09421-0
Presentación: Rústica sin solapas
Colección: Contemporánea

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

 

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