La inutilidad de la acción

No sé por qué me ocurre que los libros que leo últimamente están más vivos y vigentes que nunca. Da lo mismo que se hayan escrito hace un siglo o que aborden cuestiones que aparentemente resultan desfasadas, yo siempre acabo encontrando una aplicación al contexto actual. Y esto, precisamente, es lo que me ha pasado con Un hombre que duerme, novela que me recomendó Enrique Redel, editor de Impedimenta.

Frente a la llamada general a la movilización, a salir a la calle y reivindicarse en contra de los poderes fácticos, el ser humano puede optar por la inmovilidad para mostrar su inconformismo. ¿Qué haría Georges Perec ante la próxima convocatoria de huelga del 14-N: saldría a la calle o se quedaría en la cama? La respuesta, en Un hombre que duerme (Impedimenta, 2009), de Georges Perec.

Un día como éste, algo más tarde, algo más pronto, descubres sin sorpresa que algo no va bien, que hablando en plata, no sabes vivir, que no sabrás jamás.

Un hombre que duerme narra la peripecia de un estudiante que decide no levantarse de la cama el día de sus exámenes de Sociología, abandonar sus estudios, romper toda relación con amigos y parientes, y recluirse en su piso, una buhardilla ubicada en la Rue Saint-Honoré de algo más de cinco metros cuadrados. Si sale a la calle, se comporta como un sonámbulo: para deambular solitario por París. El objetivo de esta actitud vital no es otro que alejarse de su dependencia a los objetos, de la ambición, los ambientes, los sonidos y aromas de París, la ciudad que lo ha acogido y que lo acabará fagocitando.

El protagonista es un holgazán, un sonámbulo. Se siente fuera de lugar, como si no estuviera hecho para vivir, para actuar. Ha dejado de avanzar a lo largo de los días porque no encuentra el sentido a una existencia en la que no hay nada más interesante lejos de las cuatro paredes que lo retienen.

El joven no tiene identidad y tampoco sabemos cómo es físicamente. Eso es lo de menos. Lo realmente importante es su determinación irrevocable de llevar una vida monótona y rutinaria. Está confundido, las cosas que lo rodean no son puntos de referencia, sino paredes de laberinto como la de su pequeña buhardilla. Cada mañana comienza la jornada de la misma manera: se prepara un bol de Nescafé con leche condensada; no se lava y apenas se viste. Pasado, presente y futuro se confunden: “son únicamente la pesadez de tus miembros, tu migraña insidiosa, tu lasitud, el calor, la amargura y la tibieza del Nescafé” (p. 23). Decide no salir a la calle no porque la calle no merezca el viaje, sino porque volver a la ruindad de la habitación no merecería el trayecto.

Esta es tu vida. Esto es lo que tienes. Puedes hacer el inventario exacto de tu escasa fortuna, el balance preciso de tu primer cuarto de siglo. Tienes veinticinco años y veintinueve dientes, tres camisas y ocho calcetines, algunos libros que ya no lees, algunos diera que ya no escuchas. No tienes ganas de acordarte de nada, ni de tu familia, ni de tus estudios, ni de tus amores, ni de tus amigos, ni de tus vacaciones, ni de tus proyectos.

La novela está escrita en segunda persona del singular, una técnica con la que Georges Perec involucra al lector de tal manera que este se convierte en  el protagonista de la misma, mientras que el autor se comporta como un mero observador de los acontecimientos. Otra característica del estilo es la puntuación, pues la coma de usa en detrimento del punto.

En definitiva, lo que nos perturba y conmueve como lectores no es atisbar una repentina metamorfosis, sino todo lo contrario: “el sentimiento vago y pesado de que no se trata de una metamorfosis, de que nada ha cambiado, de que siempre ha sido así” (p. 26).

Te quedas en tu cuarto, sin comer, sin leer, casi sin moverte. Miras el barreño, la estantería, tus rodillas, tu mirada en el espejo resquebrajado, el bol, el interruptor. Escuchas los ruidos de la calle, la gota de agua en el grifo del descansillo, los ruidos de tu vecino, sus carraspeos.

Ya lo dice Mercedes Cebrián (traductora de las obras que ha rescatado la editorial Impedimenta):  “En tiempos como estos, donde el culto al ‘yo’ está alcanzando extremos sorprendentes, no es de extrañar que Perec resulte actual […] Yo lo encuentro moderno especialmente en su modo tan intenso de vincularse con los objetos, con sus pertenencias: me parece que entendió muy bien la sociedad de consumo, incluso las derivaciones que ha sufrido últimamente y que él no llegó a presenciar. Me lo imagino fascinado ante su iPad recién adquirido y describiéndolo pormenorizadamente, por ejemplo”.

Empieza a leer el primer capítulo.

FICHA TÉCNICA
Título: Un hombre que duerme
Autor: Georges Perec
Editorial: Impedimenta
ISBN:978-84-937110-6-1
Encuadernación:Rústica
Páginas: 136
PVP: 15,60 €

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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2 pensamientos en “La inutilidad de la acción

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