Estenogramas de una guerra

Hacía mucho tiempo que ya había leído en algunas críticas y reportajes literarios opiniones muy elogiosas sobre un libro que había escrito una enfermera rusa y que recogía los testimonios de los soldados que lucharon en el frente durante la Primera Guerra Mundial. Me llamó la atención que reputados autores como Thomas Mann y Elias Canetti encumbraran aquella obra calificándola de libro de cabecera. Pasó el tiempo y no volví a saber nada del libro hasta hace un mes cuando Hermida editores anunció la publicación por primera vez en español de El pueblo en la guerra. No quería quedarme con las ganas de saber a qué se debe el interés que ha suscitado este volumen a lo largo del pasado siglo y que todavía hoy siga siendo objeto de fascinación. Así que me sumergí en las páginas para descubrir su encanto y su emocionante historia.

La ropa que llevamos es del zar,
Pero el pellejo es nuestro,
Y mucha pena me da este,
No quiero a perderlo echar.
Que no me estropee el enemigo el talle,
Ni el talle, ni la cara,
Ni el anillo de la mujer amada
Que me dio en el altar.

El pueblo en la guerra es uno de los testimonios más vivos y de mayor crudeza que se conserva de esta gran contienda. No son las imágenes las que más sentimientos nos despiertan, sino las declaraciones en primera persona de quienes participaron en ella. Conocida también como la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) implicó a todas las potencias mundiales en un conflicto en el que intervinieron 70 millones de militares, de los cuales fallecieron más del 10%. Los ocho millones de rusos que lucharon en la guerra eran principalmente campesinos analfabetos, sin ninguna preparación militar y mal armados. Por no hablar de los mandos del ejército, que también dejaban mucho que desear. Aquello se tradujo en una gran derrota civil y moral. Gran parte de las huestes fueron diezmadas y los que no murieron en el campo de batalla, rogaban en los hospitales pasar a mejor vida. No encontraban la razón a aquel sinsentido que se había cobrado las almas de tantos jóvenes compatriotas y, lo que es peor, sabían que aquello los iba a marcar para el resto de sus días.

Las jornadas en los hospitales de campaña eran frenéticas y el personal sanitario apenas tenía tiempo para otra cosa que no fuera curar heridas, amputar miembros o enmendar el poco cuerpo que quedaba de los mutilados. Sin embargo, una enfermera voluntaria en el frente oriental, sabia y prudente, procuró hacer su labor de manera que su presencia pasara casi desapercibida para los heridos que necesitaban desahogarse y exteriorizar su miedo y su dolor. Disimuladamente, comenzó a redactar las confesiones de aquellos soldados a los que atendió durante 1915 y 1916. Un año después, veían la luz bajo el título El pueblo en la guerra. Apuntes hechos en el frente. Su autora se llamaba Sofia Fedórchenko.

Sofia escribía sobre todo lo que acontecía y estaba relacionado con su actividad profesional. Lo anotaba de manera apresurada, por eso los denominaba estenogramas, pero intentaba  reproducir el estilo y la jerga de los soldados, tan fresca e informal como la de cualquier muchacho de hoy día. Expresiones como “hijoputa”, “pasarlas canutas” o “me viene de perlas”, colman este texto excelentemente traducido por Olga Korobenko que se ha tomado además la molestia de añadir instructivas y lúcidas notas a pie de página que hacen más provechosa y atrayente su lectura.

Como este libro se limita a reproducir partes de las conversaciones que mantenían los soldados rusos, Sofia halló la manera de dotarlo de un hilo conductor que lo estructura: ordenó las opiniones de los soldados en ocho capítulos que abordan cómo iban a la guerra, qué pensaban de los mandatarios y de los enemigos, qué recordaban de su hogar o cómo eran los compañeros que murieron en el frente. Unas confesiones que compartían los propios camaradas y que nacían de la confianza que inspiraba haber vivido experiencias similares. Agraviados, humillados, habían vivido peor que las bestias. El dolor y el sufrimiento los había hecho cometer tropelías (robar comida a un niño, violar a mujeres, etc.) de las que se consolaban pensando que si no lo hacían ellos, lo hubieran otros. Pero, al final, de aquella experiencia cruel, habían conseguido sacar una moraleja: les quedaba “un mundo por aprender”. “Toda mi vida –asegura uno− no bastará para aprender” (p. 40).

Y esta es también la enseñanza que saca el lector cuando termina este libro. Toda la vida no es suficiente para aprender el mensaje que debemos recordarnos a nosotros mismos. Como dijo Kennedy, “el hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, esta establecerá un fin para la humanidad”.

El pueblo en la guerra es un libro en el que habita el verdadero aliento del ser humano. Para Elias Canetti es tal la imagen de la guerra que todos deberíamos conocerla de memoria.

Este libro, que pertenece a la colección “El Jardín de Epicuro” dedicada a la no ficción, puede adquirirse también en formato ePub y Pdf.

SOBRE LA AUTORA

Sofia Zajárovna Fedórchenko (1880-1957) nació en San Petersburgo. Su madre era una actriz gitana de origen francés que viajaba mucho pasando largas temporadas en París. Hasta la edad de siete años, creció en una familia campesina humilde que vivía en una pequeña aldea « llena de cuentos, leyendas, cantos antiguos». Después vivió cinco años en París, donde recibió una exquisita instrucción y acompañó a  su padrastro en muchos viajes por toda Rusia en los que se interesó por la cultura popular, el folclore y la etnografía. Estudió Derecho en la universidad y en 1914 se alistó como enfermera en el frente ruso, donde estuvo hasta finales de 1916.

Como resultado de sus experiencias y del contacto directo con soldados y heridos, nació su primer libro: El pueblo en la guerra con el subtítulo Apuntes hechos en el frente. El volumen tuvo muy buena acogida de la crítica y de los círculos literarios de Rusia que animaron a la autora a seguir trabajando en la segunda parte del libro dedicada a la época de la Revolución y, después, en la tercera que cubría el período de la Guerra Civil (1918-1922).

En la década de los veinte, Sofia Fedórchenko publicó unos cien libros de literatura infantil y desempeñó un papel activo en la vida literaria de Rusia. A partir de 1927, la opinión pública empezó a atacarla porque, con el fin de defender su libro del uso indiscriminado que habían hecho de él otros escritores, se había atrevido a declarar que sus apuntes no eran simple material etnográfico, sino una obra literaria. Poco después enfermó y desapareció de la escena pública.

Hasta 1983 no se publicó la tercera parte de El pueblo en la guerra y la primera edición de la trilogía completa vio la luz en 1990.

FICHA TÉCNICA
Título: El pueblo en la guerra
Autora: Sofia Fedórchenko
Traductora: Olga Korobenko
Prólogo: Elias Canetti
Introducción: Jaime Fernández Martín
Editorial: Hermida editores
Páginas: 136
ISBN: 9788494015915
PVP: 17 euros

 

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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