Los guerreros del arte

the-monuments-men_9788423324538A principios de mayo de 1938, Adolf Hitler realizó uno de sus primeros viajes fuera de Alemania y Austria para reunirse en Italia con su homólogo Benito Mussolini. La vastedad monumental e imperial de las ruinas de la capital fue sin duda una lección de humildad. Ante tanto esplendor, Berlín era “un acuartelamiento de provincias”. En esencia, Roma era lo que Hitler quería para la capital alemana. El Führer quería crear monumentos que con los siglos se convirtieran en elegantes ruinas para que, mil años después de la creación del Reich, la humanidad pudiera seguir admirando sus símbolos de poder. Y sabía a lo que se refería porque de joven había acariciado el sueño de convertirse en artista y arquitecto, pero su proyecto quedó frustrado cuando un comité de supuestos expertos, que en su opinión debían de ser judíos, rechazaron su solicitud de ingreso en la Academia de Bellas Artes de Viena. A partir de entonces, «pasó una década predicando en el desierto, hundido en la miseria y viviendo poco menos que en la calle. Hasta que por fin se le reveló su auténtico destino: no había sido llamado a crear sino a reconstruir. A expurgar para después recomponer. A convertir Alemania en un imperio, el mayor que el mundo hubiera visto».

El Führermuseum sería su legado artístico con el que se resarciría del desprecio de la Academia de Bellas Artes de Viena. Con él daría forma y sentido a la purga de obras de arte «degeneradas» de los judíos y los artistas modernos. El museo, creado a partir de obras de arte del mundo entero, daría una justificación a su búsqueda de la pureza y la perfección artística. Y aunque los medios no fueran los más idóneos, el fin los justificaba. Los mecanismos para hacerse con esas obras ya estaban en marcha… Años antes, los expertos de arte alemanes habían empezado a visitar varios países europeos, confeccionando inventarios secretos para que cuando Hitler conquistara cada país sus agentes conocieran ya el nombre y la localización de todas las obras con valor cultural artístico. Y así fue como arrasaron la Galería Nacional de Londres, la nave de la Catedral de Canterbury, la Gran Galería del Louvre, etc.

Mientras tanto, el mundo del arte había caído en la cuenta de que las potentes armas de los alemanes y los bombardeos aéreos masivos ponían en serio peligro la existencia de la mayor parte de las grandes obras del continente. Pero George Stout, un oficial de ejército estadounidense especialista en arte, tenía un plan que había trazado años atrás con la ayuda de un químico de su departamento para que Europa protegiera y evacuara sus obras.

Desde hace más de medio siglo millones de personas han recorrido majestuosos museos como el del Louvre y han visitado maravillosas catedrales como la de Chartres pero pocos se habrán preguntado cómo sobrevivieron a aquella guerra que permanece viva en la memoria colectiva por batallas como la de Pearl Harbour, la de las Ardenas o por los campos de concentración nazis. Pero, ¿y si nos dijeran que queda por narrar un episodio trascendental que protagonizaron un conjunto de héroes conocidos como los “Monuments Men”?

monuments men in cave with painting

Se trataba de una brigada compuesta por 350 hombres y mujeres (directores de museo, conservadores, artistas, arquitectos y profesores de Arte) que no empuñaba ametralladoras ni pilotaba tanques pero que tuvo un papel destacado entre 1943 y 1951. Poseían un liderazgo firme y una determinación férrea para encarar el desaliento y el trabajo sin pestañear. Era una unidad con vocación de triunfo, capaz de olvidarse de ella misma y de su guerra personal en pos de un bien común, en pos del Arte. Al principio se dedicaban a mitigar los daños provocados en las estructuras de iglesias, monumentos y museos, aunque posteriormente pasaron a ocuparse de la localización de las obras de arte que confiscaron, saquearon y trasladaron al Tercer Reich las tropas nazis: pinturas de incalculable valor de Leonardo da Vinci, Jan Vermeer y Rembrandt y miles de obras de arte.

Gracias a Robert M. Edsel y Bet Witter y a su libro The Monuments Men (Destino) conocemos las peripecias de estos guerreros del arte que sirvieron en primera línea de combate. Tras esta obra hay un intenso trabajo de recopilación de información a través de diarios de campaña, partes de guerra, cartas y demás documentos personales para compartir esta historia de personas. Sin embargo, el libro no se presenta como una compilación de textos y documentos de aquella época que aburrirían incluso al más interesado lector. Se trata de una obra con voluntad de estilo, un estilo rico, fresco y ameno, por momentos intrigante, que atrae al lector desde la primera página.

No es de extrañar que George Clooney (¿imaginan qué papel interpretará?) esté inmerso en la adaptación cinematográfica de este libro cuya acción es tan trepidante que el lector disfrutará imaginándose verdaderas escenas dignas del mejor guión como el robo de la Madona de Miguel Ángel de Brujas; el descenso de la Victoria de Samotracia de la escalinata principal del Louvre o cómo la Mona Lisa fue cargada en una camilla ambulancia, fue sellada para preservar su atmósfera estable  y fue custodiada durante todo un viaje por un cuidador que casi llegó a perder la conciencia por la falta de aire. Aunque el más emocionante de todos es el episodio de “El tren del Arte” que inspiró la película El tren (John Frankenheimer, 1964). Se trataba, ni más ni menos, de un tren de cinco vagones cargado con 148 cajones con pinturas, obras robadas de Renoir, Degas, Picasso, Gaugin y otros maestros que afortunadamente fueron devueltas al Louvre.

Este libro es un homenaje al triunfo aliado. Es una obra que debe perdurar para la eternidad porque más allá del significado que las obras de arte hayan tenido para quienes las han contemplado. Hoy siguen siendo símbolos del espíritu humano, de la paz y de la lucha por la libertad.

FICHA TÉCNICA
Título: The Monuments Men
Autor: Robert M. Edsel
Editorial: Destino
Fecha de publicación: 10/04/2012
Páginas: 584
Idioma: Español
ISBN: 978-84-233-2453-8
Formato: 14,5 x 22,7 cm.
Presentación: Rústica con solapas
Colección: Imago Mundi
Traductor: David Paradela López

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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