Inmortalidad, instrucciones de uso

Inmortalidad, instruccionesDecía Ray Bradbury que “no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe”. Citas como esta de Farenheit 451, nos llevan a otras novelas de ficción distópica como 1984 o Un mundo feliz de Aldous Huxley. Sobre esta última, la crítica cargó las tintas en la visión suicida que del futuro tenía el escritor británico. En su novela, Huxley satirizaba sobre la Iglesia, la televisión y la prensa sensacionalista, referencias culturales de la época. Su obra presentaba una sociedad mecanizada y fría, sin valores ni sentimiento, donde la vejez es algo horrible y las personas viven en un entorno perfecto y controlado, parecía lejana e imposible, sin embargo, algunos catastrofistas se habrán cargado de argumentos para asegurar que Huxley fue un visionario. En las antípocas de ese sentimiento negativo y pesimista está Carlos Candel (Madrid, 1977) aunque después de leer su última novela, Inmortalidad: instrucciones de uso (Alfasur, 2012), cualquiera lo diría. Esta novela antiutópica describe una sociedad que es consecuencia de las tendencias actuales y que, valiéndose de recursos como la sátira, presenta un estilo de vida totalmente indeseable, Candel es un optimista y está convencido de que las nuevas tecnologías no son tan perniciosas como algunos nos quieren hacer creer.

Elliot vive en un mundo aparentemente acomodado. Su vida está perfectamente organizada, no tiene que preocuparse por cubrir sus necesidades básicas, incluso el tiempo destinado al ocio está programado gracias a una consola personal que le presenta una serie de Experiencias Gratificantes que le sirven para descargar adrenalina. Hasta aquí, todo aparentemente normal, si no fuera porque es inmortal, como el resto de sus congéneres, con quienes las relaciones se reducen a una aburrida “socialización”, donde no hay lugar para los sentimientos ni las relaciones sexuales. En su mundo, palabras como “muerte”, “historia”, “comer”, “insomnio” o “enfermedad” han perdido su significado etimológico y no son comprensibles. Pero, ¿siempre fue así? Parece que no. Elliot está dispuesto a descubrir qué hay detrás del atrezo al que se reduce su vida. La verdad la encontrará en los libros –aunque estén en blanco− gracias a la ayuda de Diana a quien conoce en una biblioteca y con quien comenzará a experimentar otro tipo de sentimientos.

La lectura de esta novela –deudora de autores Georges Pèrec, Julio Cortázar o Aldous Huxley− como plantea varias cuestiones y reflexiones en torno a la inmortalidad y las relaciones sociales: ¿cómo sería nuestra existencia sabiendo que somos inmortales? ¿Querríamos una vida eterna aunque para ello tuviéramos que sacrificar nuestra independencia y no pudiéramos disfrutar del amor? Esa es la disyuntiva y el dilema de Inmortalidad: seguir viviendo una mentira, no ser dueños de nuestros actos y decisiones para ser inmortales o regresar a aquella mortalidad… El sarcasmo es el recurso literario que le sirve a Candel para criticar veladamente a una sociedad que corre el riesgo de quedar aletargada y anestesiada por la rutina tecnológica que obliga al hombre a vivir pegado a una pantalla.

En Inmortalidad: instrucciones de uso no hay lugar para los sentimientos, no hay descripciones psicológicas profundas porque el ser humano ha sido despojado de todo sentido y valor. Supongo que era necesario para la comprensión de la novela, pero se podría echa en falta una mayor descripción de algunos personajes como el de Diana, de la que poco se sabe. Lo que menos me ha gustado es la ausencia de división de la historia en capítulos, algo totalmente necesario por el avance temporal, las transiciones y cambios de escenario. Algo que no favorece, pues da la sensación de que la editorial ha querido reducir costes y ha empezado por restringir las hojas y utilizar un tamaño de letra pequeña. Todo ello contribuye a que la lectura se haga por momentos pesada y plantee en el lector la duda de si es necesario leer la historia de un tirón, sin pausa.

Con todo, Inmortalidad: instrucciones de uso nos presenta a un Carlos Candel que ha evolucionado y ha encontrado un estilo propio y maduro. El escritor ha cambiado de registro, esta novela no tiene nada que ver con las anteriores, como Lo difícil de encontrarte. La madurez le sienta bien y le ha permitido encontrar el lenguaje singular con el que expresar sus inquietudes y sus temas literarios.

Sara Roma

literariacomunicacion@yahoo.es

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