El judaísmo en la música

El judaísmo en la músicaRecientemente se acaba de cumplir el segundo centenario del nacimiento del músico Richard Wagner, fecha que se conmemora con una serie de actos internacionales. Puede que sea eso lo más digno de reseñar porque si ahondamos en sus ensayos descubriremos por qué su música excitaba y arengaba al mismísimo Hitler. A más de uno puede que incluso le venga ahora a la mente la famosa frase “Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”, que pronunció Woody Allen en Misterioso asesinato en Manhattan. Lo que está claro es que ignorar el perfil oscuro de Wagner en aras de su incuestionable valor musical supondría un falseamiento de la historia y de su música. Hermida editores lo tiene claro y sabe que la celebración de este aniversario estaría incompleta si no se lee El judaísmo en la música (2013), un panfleto que escribió el músico alemán a mediados del XIX y que se enriquece más si cabe con el estudio crítico y la traducción de Rosa Sala Rose, quien no tiene pudor en manifestar que “es la clase de texto que uno desearía que no hubiera visto nunca la luz”.

Wagner fue en su época un líder de opinión que había conseguido un aura de respetabilidad gracias a su prestigio musical. Su faceta de intelectual se atestigua por los diez gruesos volúmenes de sus Obras reunidas, donde su marcado antisemitismo es el eje de su programa ideológico. Pero es en El judaísmo en la música donde el compositor se propone justificar lo espontáneamente repulsivo que tienen “la personalidad y la esencia de los judíos” (p. 45).

Los orígenes del antisemitismo wagneriano son muy confusos ya que su amistad con colegas judíos como Meyerbeer o Joseph Rubinstein no hacían sospechar esa profunda animadversión que llegaría a desarrollar en su etapa revolucionaria (1848-1851), tras absorber las ideas antisemitas. Es entonces, cuando decide publicar este manuscrito y lo hace bajo seudónimo (K. Freigedank o “Pensamiento libre”), aunque era consciente de que el público deduciría su autoría. No fue hasta la segunda edición, en 1869, cuando firma el panfleto bajo la forma de una carta abierta a la condesa Marie Muchanoff. A pesar de su brevedad, este libro constituye “un notable ejemplo clínico de manía persecutoria y de paranoia conspirativa” (p. 17), pues afirma sin tapujos ser víctima de un secreto complot judío contra sus nuevas creaciones musicales.

Dejando a un lado este aspecto, lo cierto es que El judaísmo en la música es un testimonio interesantísimo porque en él se retoman y dotan de autoridad estereotipos antijudíos medievales, tales como la asociación del judío con la usura o del parasitario que no produce nada propio. Este panfleto, además, se considera un clásico del antisemitismo europeo porque aporta al discurso algunas novedades importantes. Una de ellas es la lingüística: Wagner introduce en el vocabulario alemán la expresión “judaización” (Verjudung) en referencia a la intromisión de judíos en ámbitos anteriormente dominados por gentiles o la animadversión instintiva hacia lo judío. Pero la aportación principal es haber trasladado los prejuicios antisemitas al campo del arte, llegando a cuestionar la capacidad de los judíos para crear un discurso civilizado u una obra estéticamente válida a excepción del campo de la música. Ahí es donde únicamente “han podido aprovechar el vacío producido tras la muerte de Beethoven y crear un banal sucedáneo”.

El judío carece de toda pasión auténtica, y más aún de una pasión susceptible de impulsarlo a crear arte a partir de sí mismo.

Este breve texto no tiene desperdicio alguno y ninguna de sus páginas dejará indiferente al lector que descubrirá el epítome del antisemitismo en el párrafo final, que además dice mucho sobre la personalidad del genial compositor que arenga a las masas a formar parte de esta obra redentora que consiste en renacer a partir de la autodestrucción y el hundimiento.

Si algo positivo se puede sacar de la lectura de esta obra es la instrucción y la comprensión de que la Historia está para conocerla y, así, no volver a cometer los mismos errores.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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