Biblioteca infernal

portada-libros-malditos-2¿Por qué se persigue en casi todo el mundo la venta de MeinKampf, el manifiesto de Adolf Hitler, pero se permite su venta en Holanda y Suecia? ¿Qué ofrecía El guardián entre el centeno para convertirse en el libro de cabecera de asesinos? ¿Es cierto que en los siglos XVIII y XIX era una moda lujosa la encuadernación antropodérmica? ¿A qué se debe que los libros religiosos se rodeen de tanto misticismo y misterio? Estas y otras preguntas son las que empezó a plantearse un voraz lector que un buen día, sintió el impulso de saltar al envés de la hoja y convertirse en lo que todo buen lector ansía: ser escritor. Llama la atención que la incursión literaria de Juan Carlos Díez Jayo no se ha producido con una novela sino con un libro inesperado para lectores y escritores. Libros Malditos, malditos libros (Piel de Zapa, 2013) es un volumen curioso y heterogéneo, alejado de las ortodoxias narrativas. Es una recopilación de las más extrañas y curiosas anécdotas en torno a los libros y sus autores, incluso llegando a rescatar del ostracismo  a aquellos que estaban condenados a desaparecer. Sin embargo, existe una suerte una selección, algo como una justicia divina, que ha permitido recuperarlos.

Las páginas de Juan Carlos Díez Jayo nos descubren los libros encuadernados en piel humana, como el clásico Tratado sobre las enfermedades de la piel, de John Hunter,  que  a lo largo de las centurias ha excitado el deseo de pornógrafos además de bibliófilos; volúmenes de dimensiones poco manejables para el lector del siglo XXI como el Codex Gigax; y otros de tamaño microscópico para liliputienses, como la Ilíada en una cáscara de nuez.

Díez Jayo nos sorprende con libros que por su singularidad y rareza son dignos de protagonizar la mejor película de misterio, como el ilegible Codex Rohonczi, que reposa en la Academia Húngara de Ciencias de Budapest y que solo se puede consultar con un permiso excepcional o De Tribus Impostoribus a fuerza de ser soñados acaban volviéndose real. También el polvoriento cuaderno perdido de Ramanujan que apareció en unas cajas de cartón en 1976. Se trata de cuatro humildes cuadernos que todavía están siendo estudiados por matemáticos de todo el mundo, pues contienen más de cuatro mil fórmulas: en ellos se desvela la naturaleza del número Pi, la misteriosa importancia del veinticuatro, por qué nuestro universo tiene diez o veintiséis dimensiones, etc.

Las manías y rarezas de los escritores más célebres tampoco han escapado a la aguda observación de Díez Jayo que reconoce que el éxito no ha sido medido siempre con el mismo rasero. En épocas anteriores la popularidad era un reconocimiento; sin embargo, en nuestro tiempo es un vicio que se basta a sí mismo. Salinger luchó toda su vida contra un éxito que lo aplastó, El guardián entre el centeno, injusto libro de cabecera de muchos asesinos. En cambio, la fama de Dumas fue tal, que con la ganancia de sus obras se construyó un castillo, un teatro y un yate.

Libros malditos, malditos libros es en sí mismo una miscelánea difícil de clasificar, pero que contiene todos los ingredientes necesarios para hacer que su lectura sea divertida y placentera. Todo bibliófilo debería tener un ejemplar. Pero quédense con la recomendación de su autor: hay que leer solo por gusto y por placer. La vida es demasiado valiosa para preocuparse por un canon literario.

Ficha técnica
Título: Libros malditos, malditos libros
Autor: Juan Carlos Díez Jayo
Editorial: Piel de Zapa
ISBN: 9788415216735
264 páginas
Precio: 18 €

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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