La mujer que vigila los Vermeer

La mujer que vigila los Veermer¿Hay algo más semejante al limbo que un domingo inglés? Esta es la pregunta que se hace el protagonista del cuento que inaugura La mujer que vigila los Veermer (Ed. Pre-Textos, 2013), el último libro de relatos de José María Conget (Zaragoza, 1948). Los personajes que transitan por los once relatos publicados en este volumen se cuestionan sobre su existencia y sobre las diversas formas de soledad o acerca de la esterilidad de una existencia consagrada al conocimiento.

El estilo de Conget es muy variado; dependiendo de la historia la redacción puede ser rápida y cambiante o pausada e introspectiva. Todos los cuentos son dignos de reseñar y en ellos el autor de cierta edad podrá sentirse identificado con las historias y recuerdos que son la verdadera excusa creativa de su autor. Sin embargo, tres de ellos destacan sobre el resto.

El primer cuento, “Suaves laderas”, de alguna manera es decisivo para conocer el devenir de estas historias. Conget emplea dos voces para presentarnos a un padre que acaba de cumplir los cuarenta y siente que la juventud le ha sido arrebatada. Está en los arrabales de la insatisfacción y su náusea solo se resuelve con más náusea. El protagonista se cuestiona sobre su vida y se pregunta en qué momento cruzaron el umbral sin retorno: «no hay umbrales con retorno en esta vida, no se sabe cuál es la esquina del tiempo decisiva».

 “Hoy es lunes” está narrado desde la voz de la segunda persona del singular para hacer partícipe al lector del tedio vital, de las insatisfacciones colectivas, del infierno de los días sin nombre, de los días iguales de los jubilados.

“No calls, no letters, no messages”, es un homenaje a la literatura y a autores como Pío Baroja y su novela El árbol de la ciencia. Su protagonista, Andrés Hurtado, — homónimo de la novela de Baroja— padece un petrarquismo venenoso y rumia en el insomnio de sus largas noches las razones de su soledad. Es profesor de un máster de literatura española en Nueva York y se aloja en un hotel cuyo recepcionista cada tarde cuando vuelve a su habitación lo recibe con el mismo saludo: «No calls, no letters, no messages». Pero este no es el único guiño cultural y literario; estos se suceden a lo largo de sus relatos y en ellos el lector podrá encontrar al Pérec  de Je me souviens, al Truffaut de Los 400 golpes, a la Catherine Deneuve de Los paraguas de Cherburgo…De hecho, el cine es el elemento cohesionador de casi todos sus cuentos. Tanto es así que “Mi vida en los cines” es el único texto de no ficción dedicado a Félix Romeo, quien lo animó a escribirlo.

Aparentemente, Conget se centra en los mismos temas, sin embargo en cada uno de ellos hay algo distinto que lo convierte en un texto completamente diferente al anterior. La mujer que vigila los Vermeer es un libro que leerán con fruición quienes se han criado con los tebeos, el Capitán Trueno y el cine en blanco y negro.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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