SolitarioS

SolitariosJosé Manuel de la Huerga, Premio Miguel Delibes de Narrativa 2012 con Apuntes de medicina interna (Menoscuarto, 2011), regresa a la narrativa con SolitarioS (Menoscuarto, 2013), una obra que reúne dos novelas vinculadas por el espacio en el que se desarrollan y por el protagonismo que el azar y la búsqueda de la felicidad adquieren.

El escritor leonés propone en esta obra un juego literario que se inicia en el propio título, un falso palíndromo que homenajea a Augusto Monterroso y según su autor «se relaciona con la cartomancia y la sorpresa del solitario de cartas felizmente concluido: es difícil cuadrarlo, pero cuando se termina, sin hacerse trampas, se le pone al jugador la sonrisa secreta de la auténtica victoria». Se trata de dos novelas breves emparentadas, Ultramarinos El Pez de Oro y Naipe de señoritas, protagonizadas por personajes que buscan la felicidad a través del azar, que recorren incansables las calles de Barrio de Piedra o viajan al corazón de Lisboa…

Ultramarinos El Pez de Oro y Naipe de señoritas ofrecen una lectura envolvente y recíproca, a pesar de que no terminan de encajar del todo. Ambas historias narran parte de la vida de unos personajes débiles e inseguros, implicados en la búsqueda de la felicidad a través del azar. Bajo el denominador común de la ternura y el humor, SolitarioS se centra en la vida de dos personajes: Berta, una mujer que regenta una tienda de ultramarinos a la que le gusta echarse las cartas y Félix, un agente judicial mayor y solitario que tiene el consuelo de coleccionar barajas de mujeres desnudas hasta que un día ve paseando a una de esas mujeres. Los protagonistas son solitarios (¿voluntarios?) que conviven con el espejo de las cartas y su azar. Berta y Félix, cada cual en su historia, no hacen nada por salir de esa vida anodina que llevan, sino que ponen sus expectativas en que algo o alguien les toque con una varita mágica y “se produzca un milagro, inesperado, fortuito, como cuadrar un solitario de cartas”. Creen en la posibilidad de la mejora, sienten que los sueños se cumplen y, por eso, admiten el azar como un agente externo, como un demiurgo, que puede hacer más felices sus existencias.

SolitarioS se localiza en una ciudad castellana no definida durante  los años de la transición española. Claves sociológicas como el destape en el cine, las revistas porno, las novedades técnicas, la llegada de los grandes almacenes y los cambios profundos en la Iglesia católica, conviven con esa etapa del tardofranquismo asentado en las vidas de los habitantes de esta ciudad casi barrio, con sus ultramarinos, sus peluquerías y los elegantes burgueses que viven de las apariencias.

Ultramarinos El Pez de Oro y Naipe de señoritas son como dos solitarios felizmente casi terminados: casan las cartas/personajes y casan los destinos de las cartas. Cuando el lector termine este libro, sin hacerse trampas a sí mismo, sentirá la sonrisa secreta de la auténtica victoria. De la Huerga vuelve a demostrar que ha creado un territorio narrativo propio que merece el aplauso de la crítica y el público.

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