Mientras mi mujer duerme

mientrasmimujerduermeOliver Cifuentes lleva diez años sin pisar la calle porque padece un trastorno —definido por su psiquiatra, médico o psicólogo— como “miedo al miedo”. Está casado con Luna y tiene un niño pequeño. Vive del arrendamiento de una vivienda. Su  mundo se explica a través de sus pasiones, la música y la literatura, y son las que mueven su existencia reducida a dos actividades: escuchar música y escribir relatos que confía en que un día puedan ser publicados. Pero hay otras historias que guarda con recelo…

La vida de Oliver cambió por completo el día que nació su hijo. Antes era un profesional con éxito que ocupaba portadas de revistas y periódicos por su intensa vida empresarial. Trabajaba en una inmobiliaria a la que consiguió engañar porque se convirtió en un joven ambicioso al que no le importaba ir dejando enemigos por cualquier parte. Luna, su mujer, era en realidad una espía contratada por su empresa para investigarlo, pero terminó sintiéndose atraída por él. Ahora no logra recordar la última vez que pisó la calle ni qué sucedió para que dejara de salir.

Nina —sosias de Oliver— es una joven con un gran conocimiento de filosofía y que y se siente fascinada por Nietzsche. Vive en la calle enganchada al hachís. Nunca ha probado los placeres de la carne, pero ansía buscar su lugar en el mundo. La vida le ha dado muchos palos, por eso prefiere pasar desapercibida. Su existencia es una incógnita para los vecinos. Su relación con el protagonista surgirá cuando se entere por el periódico de que hace varios días se halló el cuerpo sin vida de una mujer en una vivienda cuyo propietario no ha aparecido. Es entonces, cuando decide instalarse en la casa, que es de Oliver. La muerte de su inquilina —el determinismo del azar— es la que desencadena una serie de acontecimientos que obligan a Oliver a salir del anonimato. Lo que no se imagina es que desde el pasado, alguien volverá para terminar lo que un día empezó…

Con Mientras mi mujer duerme (Eride ediciones, 2012), David Aragonés Cuesta demuestra valentía por construir una novela de una estructura compleja y extensa, donde se mezclan varios géneros. Sin embargo, su debut literario peca de ambicioso. La obra contiene demasiada información insustancial en la que el autor pone demasiado empeño, centrada en sus grandes pasiones —la música, la filosofía y el baloncesto—, pero que nada aportan a la ficción. Tampoco destacan los diálogos, que resultan repetitivos, pues también ponen el foco de atención en la música y filosofía. Por lo que tras la lectura queda la sensación de que el autor ha recurrido a sus aficiones para componer y ambientar esta novela.

Mientras mi mujer duerme es una historia que prometía, pero la falta de revisión y corrección ortográfica, de sintaxis y de estilo han acabado por empañarla. No obstante, sus páginas revelan talento. El tiempo y la madurez literaria convertirán a David Aragonés en un buen escritor.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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