En noviembre llega el arzobispo

En noviembre llega el arzobispoLa publicación de En noviembre llega el Arzobispo (1967), de Héctor Rojas Herazo, (Tolú, Colombia, 1921— Bogotá, 2002), coincidió con la obra maestra Cien años de soledad, afectando a su recepción por parte de la crítica y público, como recuerda Liany Muñoz Álvarez en un interesante artículo sobre esta obra. Sin embargo, es tan compleja y original como la obra de Gabriel García Márquez, pues ambas nacen en Colombia, una tierra misteriosa dada a unas particulares costumbres y exponente del realismo mágico.

En noviembre llega el arzobispo (Carpe noctem, 2013) transcurre en Cedrón, un espacio mítico donde sus habitantes viven dominados por el poder que ejerce la figura pánica del cacique Leocadio Mendieta, un ser insensible y déspota que recuerda al Tirano Banderas de Valle-Inclán y que Félix Grande define como «uno de los personajes de ficción más vivos y complejos de cuantos han sido creados en la narrativa moderna».

Rojas Herazo aseguraba en su ensayo El héroe común y corriente que “el mejor tema —aquel que no ha sido ni podrá ser nunca lo suficientemente bien explotado en ningún orden de la ficción— es el del hombre a quien no le ocurre nada”. En efecto, esa parece ser la esencia de toda su narrativa desde Respirando el verano (1962). En esta, su segunda novela, nos presenta una historia construida a partir de escenas de la vida de sus habitantes como la profética matanza de Cirineo; el suicidio de uno de los hijos del cacique o la agonía del propio Mendieta. Todas son importantes y juntas conforman esta intensa novela coral enmarcada en un tiempo espeso donde el designio marca la vida de unos personajes nacidos para la desgracia. En realidad, Cedrón es el verdadero protagonista,  una gran bestia que domina y atemoriza a los lugareños encarnada bajo la figura del demonio Leocadio Mendieta y el despotismo que este ejerce. La novela, por tanto, se fundamenta sobre el miedo visceral y paralizante creando una atmósfera colectiva asfixiante y opresora que no da tregua y que aumenta a la par que avanza la lectura.

Con En Noviembre llega el arzobispo Héctor Rojas empieza a forjar un estilo caracterizado por el ensalzamiento de lo grotesco e irracional, en contrasta con el empleo de un lenguaje exquisito, barroco y simbolista. En definitiva, como sostiene Luis Rosales en su epílogo, esta es una novela de experimentación donde “los vivos y los muertos se confunden”.

Héctor Rojas Herazo demuestra sobradamente ser merecedor de un espacio propio dentro de la nómina de los archiconocidos autores del boom latinoamericano. En noviembre llega el arzobispo ya es un clásico.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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