Juan Laborda: «’La fragilidad del neón’ es un homenaje a todo ese cine que alimenta nuestro imaginario».

Por Sara Roma

090515_LabordaHoy proponemos una escapada al París de los años sesenta de la mano de Ramón Sandoval, un exiliado español que se gana la vida como chófer y que un día recibe el encargo de atender a una malograda estrella de cine durante su estancia en la capital del Sena. La situación empezará a complicarse cuando tiene que actuar como guardaespaldas de la artista ante lo que parece un inminente ataque terrorista. La derrota, los ideales, la traición, son los ejes sobre los que gira La fragilidad del neón (Al revés editorial), una novela de intrigas y de grandes pasiones. Su autor, Juan Laborda Barceló, confirma con esta segunda incursión en la narrativa su calidad literaria.

La fragilidad del neón se desarrolla en el París de los años sesenta y tiene como marco sociopolítico la guerra civil en la colonia de Argelia. ¿Qué fue lo que te llevó a contextualizar tu segunda novela en un periodo histórico tan poco explotado en la literatura?

Los años sesenta es un momento de gran importancia a nivel mundial. Estamos en plena Guerra fría; se están produciendo las descolonizaciones en diferentes puntos (el norte de África es uno de ellos); empiezan a surgir nuevos países como Argelia (a partir de 1962) y, precisamente, París sirve como metáfora de los ideales. Estamos en un momento de grandes ideales, ideologías, cambio político…Pero a la vez, tanto en Europa como fuera de ella se están produciendo conspiraciones. Por ejemplo, en París, en 1961 casi dan un golpe de estado los generales en contra de De Gaulle y lanzan a paracaidistas en la ciudad de la luz para que Argelia no se convirtiera en un territorio independiente. Así que me atraía este momento de grandes cambios y de grandes peligros.

La fragilidad del neón-La novela, además, narra de forma paralela la historia de dos personajes, Manuel y Ramón, dos hermanos exiliados republicanos que se ven obligados a abandonar España cuando ya la Guerra Civil está perdida. Son las dos caras de una misma moneda. Son como Jano, están unidos por lazos de consanguinidad, pero cada uno toma una dirección en su vida. ¿No es así?

Exactamente. Son dos hermanos que han sufrido un momento durísimo como es una guerra, pero cada uno lo ha vivido de una manera distinta. El mayor y protagonista, Ramón Sandoval, es un miliciano del PCE que ha hecho la guerra, que ha participado en checas, que luego ha cruzado la frontera —como tantos exiliados españoles— y, en cambio, su hermano pequeño, Manuel, que iba para maestro, no pudo luchar en la guerra por su juventud, pero cuando termina la guerra quiere luchar por esos ideales y es cuando realmente comienza su activismo. Por lo tanto, son las dos caras de una misma moneda que están en momentos distintos. Ramón en 1961 es un hombre desencantado, que se siente fracasado en sus ideales y que ya no comparte ortodoxia con el partido comunista. En cambio, Manuel es un hombre de partido que acude a ayudar a los rebeldes argelinos y lucha con ellos en una guerra que considera justa. Son, por así decirlo, dos personajes complementarios que están en distintos momentos de sus vidas pero que, efectivamente, son las dos caras de una misma situación.

La fragilidad del neón está protagonizada por personajes ficticios y reales. Por ejemplo, el general De Gaulle figura principal de aquella época y que causó simpatías y antipatías a partes a iguales. El personaje de Ramón dice, por ejemplo, que De Gaulle «ha mirado la muerte tan de cerca en tantas ocasiones que merece ser respetado». Para conocer aspectos de los personajes o del contexto social y político ha debido haber un proceso de documentación bastante arduo.

Sí que ha habido una labor de documentación bastante extensa porque yo quería trabajar con personajes que fueran reales y otros ficticios —como es el caso de Ramón y Manuel Sandoval— pero que pudieran haber existido. Me basé sobre todo en memorias. Leí las de De Gaulle, varias biografías, etc. También fueron muy enriquecedoras las de José María Areilza, Conde de Motrico, embajador en París en aquellos momentos y que cuenta cotidianidades de la vida en la capital francesa en aquellos momentos. Además, hay mucho material de hemerotecas, material gráfico e incluso audiovisual porque se conservan muchas entrevistas que se hicieron a Josephine Baker, al propio De Gaulle, a Semprún… Y para documentar la guerra de Argelia que para los franceses sigue siendo un tema difícil y áspero que les cuesta tratar —como nuestra Guerra Civil— he utilizado bibliografía argelina del FLN y de los grandes generales que fueron allí. El trabajo de documentación me ha permitido crear un espacio verosímil del París de 1961 y recrear el ambiente de los personajes ficticios.

-A lo largo de la lectura se aprecia tu gran cinefilia en la descripción de ambientes o en los parecidos que encuentras entre tus personajes y las estrellas de cine de la época. Linda Darnell, por ejemplo, se parece a Gene Tierney. Casualidad también que Marlene Grey, la venus rubia, aparezca en tu obra y en la novela de Teresa Viejo, Que el tiempo nos encuentre. Tú también te refieres a ella recordándola por su papel en Carne de fieras que fue financiada por la CNT y que ha sido considerada una obra maldita porque murieron casi todas las personas que participaron en ella.

No conocía esa referencia en la novela de Teresa Viejo, pero me encanta que lo digas porque es algo que me resulta fascinante. Las producciones de la CNT durante la Guerra Civil Española son un tema principal en mi novela. Efectivamente, cuento cómo Marlene Grey pasa sus últimos momentos en Madrid y es que hay una leyenda sobre esta actriz: no se sabe su murió a manos de los nacionales fusilada o si fue en un circo haciendo su representación con leones. Más que cinéfilo, creo que soy un cinéfago consumidor de cine clásico y actual. Tanto la construcción narrativa de la obra como la descripción de los lugares o incluso la definición de los personajes son muy cinematográficas. Me permito también mostrar a personajes y hacer homenajes siempre dentro de la trama: aparece Josephine Baker, Truffaut, hay comentarios de cine, relaciones cinematográficas entre los personajes. Cuento también los malos momentos que pasa Linda Darnell en su carrera o Gene Tierney. Me interesa el Hollywood clásico y lo he querido recoger como un homenaje a todo ese cine que alimenta nuestro imaginario.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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