Una flor del mal

una-flor-del-mal_9788423347889Existe un cuadro de Courbet llamado Dama española que está expuesto en el Museo de Bellas Artes de Filadelfia. Debajo de la primera capa de pintura hay otra mujer que solo es visible a través de rayos X. Lleva un pañuelo en la cabeza y un anillo en su mano derecha. Stephen D. Bonadies, subdirector de Colecciones del Museo de Bellas Artes de Virginia, descubrió durante la restauración realizada en el verano de 1978 que había una mujer oculta bajo la pintura, lo que le llevó junto a la conservadora Marigene Butler a tomar una imagen en rayos X.

El cuadro fue pintado entre 1854 y 1855 en Lyon. Courbet viajó allí para ver a una mujer española a la que conocía, se supone, de una estancia anterior. Según cuenta el propio artista en sus cartas, la muchacha, de identidad desconocida, le curó el cólera. Probablemente posó para él y se convirtió en la modelo de Dama española, obra que se expuso por vez primera en la Exposición Universal de París de 1855 junto a varias odaliscas de Ingres y la Ofelia de Millais, entre otros lienzos.

Cuando Gustave Flaubert decía aquello de «Madame Bovary soy yo», aludía a la identidad más intelectual y soñadora de un desgarrado personaje que físicamente, tal y como puntualizaba en su novela, se parecía a «la mujer pálida de Barcelona», definición que muy probablemente surgió tras visitar la exposición de París. ¿Quién es la mujer retratada en el cuadro «Dame Spagnole» de Gustave Courbet? ¿Qué relación existe entre esa obra y la «Madame Bovary» de Flaubert? ¿A quién aludía exactamente el autor francés en aquel pasaje? ¿Existió realmente esa mujer? Estas son algunas de las cuestiones que se planteó el periodista Miquel Molina (Barcelona, 1963) para escribir su primera novela, Una flor del mal, las cuales encuentran respuesta de la mano de su protagonista, Guillermo Jiménez, un profesor barcelonés de literatura al que gusta de fantasear ante sus alumnos sobre las supuestas amistades que ha ido manteniendo en el mundo literario más contemporáneo.

Tras diez erráticos años de clases en institutos, y otros tantos de una relación fallida, el día que, a través de una página de contactos, Guillermo conoce a la misteriosa y atractiva Elisabet, se despertarán en él aquellos instintos que parecían haber quedado casi aletargados. Para seducirla, decide aceptar el reto que ella le lanza a la hora de ahondar sobre su verdadera identidad: «—Soy la mujer pálida de Barcelona— responde Elisabet con una sonrisa deslumbrante mientras le abre la puerta.» La mítica frase cuidadosamente extraída de la novela de Flaubert, y la visión en casa de la mujer de un cuadro expoliado por los nazis, acaban excitando aún más una curiosidad ya desbocada. Se trata del lienzo, quizás una réplica, de Gustave Courbet, Dama española.

Una flor del mal es una novela sobre el deseo y la obsesión, la historia y el arte, la verdad y la ficción.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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