Juan Malpartida: «París era paso casi obligado para informarse y para estar presente en los movimientos estéticos y en las ideas»

Juan MalpartidaEste año celebramos el nacimiento de varios escritos hispanoamericanos: Bioy Casares, Julio Cortázar y Octavio Paz. Un centenario que no ha pasado desapercibido y que se ha materializado en jornadas y congresos. Precisamente, esta semana celebrábamos el nacimiento del poeta mexicano Octavio Paz. El crítico literario Juan Malpartida y director de la Revista Cuadernos Hispanoamericanos (que dedica su último número a Octavio Paz), lo conoció personalmente y forjó con él una estrecha amistad que se prolongó hasta el fallecimiento del escritor. Con él conversamos en esta entrevista sobre estas tres grandes figuras de la literatura.

-Este año conmemoramos el centenario del nacimiento de Bioy Casares, Octavio Paz y Julio Cortázar. ¿Tuvieron entre ellos alguna relación de amistad?

Da la casualidad de que estos tres escritores, tan diversos entre sí, coincidieron en el año de su nacimiento y, curiosamente, también tuvieron alguna relación entre sí. Sobre todo en el caso de Julio Cortázar y Octavio Paz. Coincidieron en un buen periodo de su vida en París y también en la India cuando Paz fue embajador.

-Precisamente usted ha aludido en alguna ocasión al hecho de que por aquel entonces se decía en el ambiente literario que si dos escritores se querían conocer debían quedar en París.

Sí, era paso casi obligado para informarse y para estar presente en los movimientos estéticos y en las ideas. Por ejemplo, también estuvieron novelistas como Miguel Ángel Asturias, Gabriel García Márquez, Vargas Llosa, Alejo Carpentier y muchos otros.

-Usted que tuvo la suerte de conocer, de tratar y de forjar una intensa y sincera amistad con Octavio Paz, no hable muy a menudo. A mí gustaría que nos contase cómo lo conoció y cómo era en las distancias cortas.

Comencé a leerlo siendo muy joven, cuando tenía diecinueve años. Posteriormente, en 1986 le mandé un grupo de poemas porque él dirigía una revista muy importante, la revista Vuelta. Y a los pocos meses me escribió una carta hermosa informándome de que iba a publicar algunos de ellos en la revista. Fue ese mismo año cuando nos conocimos en Madrid, a donde fue a realizar una estancia de unas semanas y ahí comenzó nuestra amistad que duró hasta su muerte en 1998. Pero, yo sigo siendo amigo suyo: mientras que uno de los dos sigue vivo, es amigo de la otra persona.

-Este año también es especial porque se conmemora también la Generación del 14 que proclamaba que el futuro estaba en Europa. Parece que todavía sigue estando vigente esa proclama del viejo sueño Europeo, ¿no es verdad?

Sí, precisamente Ortega y Gasset influyó mucho en Octavio Paz que no solo fue escritor sino también un gran pensador. De hecho, Paz lo conoció en Suiza en 1953, en un encuentro de filósofos en Ginebra. Creo que el espíritu que defendía Ortega sigue vivo: el hombre no tiene esencia sino historia, algo que viene muy bien frente a la resurrección de los nacionalismos intransigentes y tanáticos. Una condición esencialista es fundamental porque la esencia no dialoga, mientras que la historia está obligada a hacerlo.

-Es curioso porque algo similar ocurrió entre Octavio Paz y Julio Cortázar que, a pesar de tener ideologías opuestas, encontraron un punto en común para su amistad: la literatura.

Sí, aunque esa amistad fue anterior al desarrollo de las ideas de Cortázar, que llegó un poco tarde a la política; a diferencia de Paz, que nació prácticamente con la política. Pero se conocieron por carta a mediados de la década de los cuarenta del siglo pasado, cuando ambos tenían treinta años. Posteriormente, a partir de los años sesenta, cuando Cortázar abraza el castrismo, de manera ingenua y entusiasta, los dos se fueron apartando. Siempre se admiraron y tuvieron afecto, pero la  amistad o el diálogo no los acompañó hasta el final.

-Este año, como hemos dicho, que se celebra el centenario del nacimiento de estas tres grandes figuras literarias, somos los escritores los que debemos honrar su memoria y qué mejor forma que leyendo sus libros. ¿Qué títulos nos recomendaría?

De Bioy, El sueño de los héroes y el volumen Borges en el cual testimonió sus diálogos con el argentino. De Paz, para quienes les interese la poesía, recomendaría Árbol adentro, su último libro o El arco y la lira. En el caso de Cortázar, creo que hay que leer sus cuentos, fundamentalmente.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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