El hotel encantado

El hotel encantado. Wilkie Collins. Ed. Eneida, 2014. 248 págs. 13,50 €

El-hotel-encantadoCharles Dickens siempre dijo de su buen amigo Wilkie Collins (1824-1889) que “acabaría siendo el escritor más destacado de su época, pues era el único que combinaba la invención y la fuerza, tanto a la hora de hacer reír como de emocionar”. En efecto, novelas como El hotel encantado (Eneida editorial, 2014) demuestran que su técnica narrativa –favorecida por el suspense y la especulación− sigue siendo aplaudida por los lectores y cosechando idéntico éxito. Realmente la obra de Collins contiene los mismos elementos (crimen, suspense, amor, traición, etc.), pero su genialidad consistía en lanzar los dados y jugar con sus múltiples combinaciones. Así es como cada novela parece nueva. Y aunque El hotel encantado (The haunted hotel, 1878), no fuese tan magistral como sus precursoras La piedra lunar (1868) y La mujer de blanco (1860), su inteligente estilo “nos conduce hasta los más insondables abismos del horror”.

Un joven aficionado a la química experimental y a las ciencias ocultas está convencido de que es posible resolver el problema de la piedra filosofal, pero sus recursos económicos se agotaron hace tiempo y los experimentos son muy costosos. Su hermana, una condesa viuda llamada Narona, movida por un amor filial, tras haberle cedido toda su fortuna juega a probar suerte en la ruleta de un casino de Hamburgo. Allí conocerá a un amable y acaudalado lord, Henry Westwick, que le ofrecerá su dinero y con quien acabará casándose. Cuatro meses después se trasladan a un palacio veneciano. Allí viven los tres acompañados por una sirvienta y un guía turístico, pero la convivencia no es tan feliz como se prometía a causa de ciertas diferencias matrimoniales. El destino pugna por lanzar su soga al cuello de la condesa, “enigma viviente”, dotada de una naturaleza donde coexiste la misma capacidad para hacer el bien que para el mal, lo que se convierte en una enfermedad que la llena de presentimientos que hacen insoportable su desdichada existencia.

Otro de los motivos que explica su éxito es que siempre estuvo atento a las corrientes e inquietudes de su época. Por ejemplo, se sentía fascinado por las realidades ocultas y por los debates psicológicos (como el mesmerismo y la hipnosis) que centraron el siglo XIX. En sus novelas aparecían a menudo sueños y visiones premonitorias que estaban relacionadas con las consecuencias que los sucesos del pasado tienen en el presente. En esta obra, Collins nos lleva a esta vieja mansión veneciana convertida en hotel donde ocurren extraños sucesos sobrenaturales que impiden descansar a los huéspedes que se alojan en él, pues sufren una serie de pesadillas y otros malestares, indicios que intentan desvelarles los horribles crímenes que allí tuvieron lugar. Sentimientos como la ambición, la venganza y el amor se mezclan a lo largo de la trama y se consuman en el asfixiante ambiente del hotel Palace de Venecia, “un antiguo infierno convertido en purgatorio”.

Lo mejor de la novela es su final, a modo de drama teatral, y aunque algunas situaciones parezcan rocambolescas, la inquietante narración consigue sumergirnos en una  agradable lectura.

Sara Roma,

sararoma@literariacomunicacion.com

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