Cuentos eróticos

Cuentos eróticos. Marqués de Sade. Hermida editores, 2014. 256 pp. 17.00 €

SadeTal día como hoy de 1814 moría Donatien Alphonse François de Sade, más conocido como el Marqués de Sade (1740-1814). Filósofo y escritor francés, fue autor de novelas tan célebres como Justine (1791), La filosofía en el tocador o Las 120 jornadas de Sodoma (1785). En su época su obra fue calificada de pornográfica y estuvo constantemente atacada por la crítica que la censuró por obscena e impía, lo que lo llevó a estar encarcelado durante veintisiete años en fortalezas y asilos para dementes. Fueron los surrealistas, encabezados por André Breton, quienes lo proclamaron “Divino Marqués” y precursor de la moderna libertad sexualidad. Posteriormente, Pier Paolo Passolini lo llevó al cine en su adaptación de Las 120 jornadas de Sodoma. Desde entonces, el Marqués de Sade sigue ejerciendo fascinación y curiosidad entre los lectores. Por eso, Hermida editores ha querido conmemorar el segundo centenario de su muerte con la edición de Cuentos eróticos, un volumen que recopila parte de la producción de aquella triste época, rescatada de la mano del traductor Enrique Martínez Fariñas.

Estos Cuentos eróticos recoge relatos en los que el Marqués de Sade ejerce de cronista, de moralista y de crítico político de una época marcada por un orden autoritario y represivo que oprimía la “libertad” individual. Breves en su mayoría y escritos con un estilo sencillo natural, los relatos critican la moral burguesa de la época por sus prejuicios y sus normas sociales ilógicas. En ellos se abordan temas como la reputación (que podía quedar mancillada solo con la visita de un hombre a casa de una dama”); la infidelidad (‘Cornudo por sí mismo, o el acuerdo imprevisto’) o los acuerdos matrimoniales (‘Hágase como se ha querido’), entre otros. Sus personajes son arquetipos morales del cornudo, el esposo corregido, la esposa vengada, los tramposos, etc., que surgían en todas las clases sociales (desde las más bajas a las más nobles). Por ejemplo, la marquesa de Guissac, protagonista de ‘Una buena trampa’, es el paradigma de la mujer imprudente que imagina que, mientras no llegue al máximo en los brazos de un amante, puede “permitirse ciertos galanteos y algunas relaciones sin por ello ofender a su esposo”. En el escalafón opuesto encontramos a Monsieur Savari (personaje de ‘El castigo’), un hombre maltratado por la naturaleza (le faltaban los brazos y las piernas), pero que disponía de un humor, una inventiva y un trato agradables. Savari aprovecha su discapacidad para encubrir la prostitución que se ejercía en su casa, adonde podían acudir las mujeres de buena sociedad sin temor a las consecuencias. Otros como ‘Hágase como se ha querido’ y ‘El esposo complaciente’, critican los acuerdos matrimoniales que obligaban a las familias a casar a sus hijas con ciertos hombres y se burlan. Mientras que ‘Cornudo por sí mismo, o el acuerdo imprevisto’ denuncia las indiscreciones, las murmuraciones y calumnias en una sociedad que no transmite a los jóvenes una educación correcta, pues no se les enseña “a conocer el mundo, los nombres, las cualidades y las condiciones de las personas con quienes se debe convivir”. Asimismo, los cuentos retratan las mujeres más seductoras y atractivas de la burguesía que, como la modelo de Rubens, es “entrada en carnes y bien provista de curvas, fresca y apetitosa, con senos y nalgas redondeadas y moldeadas con sumo cuidado para atraer a cuantos le hacen ascos al pescado”). Tal es la figura de Madame Dolmene, protagonista de ‘Hay sitio para dos’, que tiene dos amantes para que puedan “satisfacer aquellos ardores que el cónyuge no podía calmar”.

Es deseo de su autor que estos relatos proporcionen al lector “salud, riqueza y placer”. De no ser así, cuenta con su permiso para destruirlos. Pero escritores como Octavio Paz, Roland Barthes o Passolini no pueden estar equivocados cuando ensalzan la prosa del Marqués de Sade y lo proclaman por ser el defensor de los derechos de las pasiones. Como señala Javier Memba, “Desde los poetas malditos hasta los surrealistas, desde Nietzsche a Sartre, pocos autores han ejercido una influencia tan grande en la heterodoxia de los últimos dos siglos como el marqués”.

Sara Roma,

sararoma@literariacomunicacion.com

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