Subsuelo

Subsuelo. Marcelo Luján. Salto de Página, 2015. 240 páginas. 18 euros.

portada_mediaHay un escenario que parece idílico y que muchos esperan: el que tiene lugar en la típica casa de campo donde la vida se detiene durante las vacaciones estivales, con la sobremesa y el café, las conversaciones de los mayores y los juegos de los adolescentes. ¿A qué más puede esperar el burgués acomodado que trabaja duro durante el año? Las vacaciones de verano siempre tienen algo de mágicas. Este es el punto de partida de la última novela de Marcelo Luján, Subsuelo (Salto de Página, 2015).

A medida que vas introduciéndote en la trama y sus personajes, te asalta la sensación del haberlo visto o leído antes. Y no es extraño para quienes nos educamos en la cultura audiovisual y el cine de los ochenta y noventa. Quizás a algunos ni les suene la cinta Terciopelo azul (Blue Velvet, 1986), de David Lynch, pero quienes la han visto sabrán encontrar paralelismos —al principio de la cinta— con la novela (a pesar de las tres décadas que las separan), ya que muestra ese dualismo de la existencia humana: por un lado, la aparente acomodada vida burguesa y, por otro, lo que se esconde bajo esa superficie, lo más abyecto del hombre.

Subsuelo es una historia protagonizada por dos mellizos adolescentes, Fabián y Eva, y de los veranos que pasan en una casa de campo con sus padres, Mabel y Alberto, y unos amigos. Aunque la relación entre hermanos nunca ha sido buena, todo parece marchar bien hasta que entra en escena otro joven, Javier, que les enseñará otra forma de diversión, de sadismo y perversión que tendrá consecuencias irreversibles en la acomodada y rutinaria vida familiar. Ya lo dice el narrador: “Bajo el cielo brillante de julio, los planes no siempre se ciñen al espíritu de los que vienen de la ciudad”.

Lo mejor de la novela es el estilo envolvente de cada una de las tramas y el ritmo que se va incrementando en cada capítulo. Para Luján es tan importante la escena como los personajes, pues la naturaleza (el entorno rural de la casa, el pantano, las hormigas, etc.) es un protagonista más que nos irá desvelando los secretos, la crueldad y el dolor que horada cada una de sus vidas para convertirlos en seres enfermizos y dependientes. Sin embargo, los saltos temporales (el recuerdo de la madre, Mabel, que sufrió la represión política argentina y el posterior exilio), las elipsis y su manera nada convencional de transcribir el discurso y los diálogos de los personajes hacen que la lectura sea un reto.

Marcelo Luján ha escrito una novela que demuestra que a veces la existencia puede convertirse en un ejercicio de supervivencia que nos obliga a aceptar el pasado y asumir un futuro del que se pretende escapar trazando un plan, pero la conciencia como el subsuelo y las hormigas que invaden la casa es una plaga que termina por exterminarnos.

Sara Roma

sararoma@literariacomunicacion.com

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