Imre Kertész, sin destino

Solo quienes han vivido el horror saben contarlo de manera fidedigna. Primo Levi, Jorge Semprún o Celan, entre otros, narraron sus experiencias aunque de maneras distintas. Los dos primeros decidieron contar lo inexplicable de forma directa, sin ambages. Sus novelas son el testimonio autobiográfico de un cautiverio del que solo se repusieron, en parte, gracias a la escritura, a pesar de que Levi acabara suicidándose.

Hace un mes nos dejaba la última voz viva de uno de los episodios más importantes del siglo XX (seguido, en mi opinión, por la caída del Muro de Berlín). El Nobel de Literatura de 2002, Imre Kertész (Budapest, 1929), escribía —según Cecilia Dreymüller— por el estímulo que suponen los fracasos: “Esta sociedad me garantizaba la continuación de una vida de esclavitud y de este modo se encargó de que muchos errores ni siquiera llegaran a ser posibles” (Sobrevivir no es vivir. ABC Cultural. 10 de marzo de 2001).

Sin destinoAquella vida  de esclavitud  comenzó a los quince años de edad, cuando en junio de 1944 fue deportado a los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, experiencia que narró en su célebre trilogía Sin destino (Sorstalanság, 1975; Acantilado, 2001). Luego vendrían otras como Kaddish por el hijo no nacido (Acantilado, 2002), Fiasco (Acantilado, 2003), Liquidación (Alfaguara, 2004)…

Solo leí Sin destino. La desgarradora historia de aquel chaval (György Köves, trasunto de Kertesz) que es deportado a Auschwiz-Birkenau es menos cruda y desgarradora que otras de sus coetáneos, pero no por ello menos dramática. La historia se localiza en un momento trascendente del papel que jugó Hungría en la Segunda Guerra Mundial: cuando Hitler descubre que Hungría está manteniendo negociaciones secretas con Estados Unidos y Reino Unido. Sus tropas ocuparon la capital en marzo de 1944, y en solo tres semanas consiguieron deportar a más de cuatrocientos mil judíos, que fueron enviados a los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

Aquella experiencia que marcaría para siempre su existencia vital, le sirvió como fuente de inspiración de su ópera prima Sin destino, trilogía en la que a pesar de estar repleta de pasajes autobiográficos, tiene un marcado y pretendido carácter ficcional. Kertész podría haber relatado su experiencia de forma autobiográfica, imitando a Primo Levi, pero prefirió crear un personaje imaginario. Solo así fue capaz de preservar la memoria histórica, sin caer en el sentimentalismo o el dramatismo que alimentaran el sufrimiento, sirviéndose de la distancia y de una ironía nihilista.

El relato de Kertész es interesante por la filosofía de vida que propone: no abandonarse ante ninguna circunstancia, por muy penosa que resulte. Su protagonista, György Köves comprende que  “en ninguna otra circunstancia importa tanto llevar una vida ordenada, ejemplar y hasta virtuosa como estando preso”. Siendo un adolescente el futuro Nobel de Literatura aprendió que establecer rutinas como asearse, administrar la escasa ración de comida, o protegerse los pies cuando se va a calzar, son gestos que ayudan a no volverse loco o caer en una depresión. Pero las que te salvaban de verdad eran  “viajar con la mente a lugares remotos” y la verdadera literatura que a entonces empezaba a germinar.

Cuando salió a la luz su primera novela en 1975, la critica le hizo el vacío, ignorándola por no encajar en la ideología del régimen. En una carta remitida a su traductora, Eva Haldimann, el 2 de junio de 1977 (y que recoge Acantilado en Cartas a Eva Haldiman) el autor estaba convencido de que: “No se ha fabricadoLa última posada aún la caja en la que me embutirán con el tiempo”. Faltaban cinco lustros para que la Academia Sueca lo premiase con el Nobel de Literatura y permitiese que cayesen las barreras invisibles que hasta entonces lo mantenían aislado.

Desde entonces, nunca han dejado de traducirse y editarse sus obras. De manera póstuma nos ha dejado La última posada, recientemente publicada por Acantilado. Se trata del  último esfuerzo artístico de un escritor gravemente enfermo que concibe un texto que constituye un testimonio visceral y a veces perturbador de sus experiencias, y de la lucha del ser humano por la dignidad en circunstancias extremas. Imre Kertész transforma así la crónica de su «antesala de la muerte» en una obra de una sinceridad radical y una lucidez abrumadora, con la escritura siempre en el horizonte, como justificación de su existencia.

Sara Roma,

sararoma@literariacomunicacion.com

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2 pensamientos en “Imre Kertész, sin destino

  1. Yo lo leí hará dos o tres años, Sara y desde luego es un libro que deja marcado. Toca temas muy espinosos y sabe en que hilo tocar para que la sensibildiad no moleste y no puedas apartate de su lectura.

    Miguel Urda

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