Los coleccionistas

Los coleccionistas. Édouard Dujardin. SD Edicions, 2016. 146 páginas. 12 euros.

los-coleccionistasEn su libro Antonio de Hoyos y Vinent, una figura del decadentismo hispánico, María del Carmen Alfonso García define el bric-à-brac como “una de las muchas resacas que produjo la Revolución Francesa [sic]”, que propició que muchas personas “de condición marginal” pudieran hacerse con objetos de valor de todos los palacios que fueron desmantelados y que comenzaron a venderse en mercados a muy bajo precio.

Este término de origen francés se refiere a la colección de objetos diversos: desde piezas de porcelana, tazas, pinturas o fotografías en miniatura hasta flores de cera y cualquier otro adorno que pudiera encontrar acomodo en una estantería, en una vitrina o sobre una chimenea.

Esa fiebre coleccionista que viven los burgueses parisinos desde mediados del siglo XIX es el eje central de Los coleccionistas (bric-à-brac), novela de Eduard Dujardin (Blois, 1861-París, 1949), de 1897, inédita en español y rescatada por Sd-edicions, que retrata el comportamiento y el modo de vida de un grupo de coleccionistas que se afana por recopilar piezas de valor sin tener en cuenta su utilidad o necesidad y cuya codicia y envidia acabarán por minar la relación personal que mantienen.

Dujardin publicó su primera novela en 1888, Les Lauriers sont coupés, una obra que llegó casualmente a manos de James Joyce, quien quedó fascinado por su estructura narrativa y el monólogo interior o flujo de conciencia (ya empleado por Stendhal, Victor Hugo o Galdós), que servirá de base para su Ulises (1922). El éxito de esta obra no fue inmediato pero le sirvió para producir una extensa obra literaria, entre novelas, obras de teatro, ensayos y poesía. Sin embargo, no supo encauzar su carrera literaria, ni siquiera le sirvió la enorme fortuna que heredó de sus padres, pues prefería disfrutar de la vida disoluta que ofrecía el París de aquellos años.

El autor pone en el punto de mira a una sociedad y unos personajes a los que ridiculiza sirviéndose del sentido del humor y la elocuencia de su protagonista, Gallois de Ginac, un hombre preocupado y obsesionado con la falsificación que posee en su piso una instalación sencilla donde pone de relieve las pequeñas y delicadas cosas que constituyen una parte de las curiosidades, o antigüedades de almoneda.

“En cuanto alargamos la mano para coger una pieza rara, allí está, invisible, y nos pone bajo los dedos ¡la loza falsa, el cobre falso, el marfil falso, el tejido falso, el arma falsa, el esmalte falso! La falsificación es […] un ser incomprensible, misterioso, fantástico, y sin duda que no se deja coger”.

La obra, divertida e instructiva a partes iguales, se caracteriza por un lenguaje muy teatral, con capítulos cortos, como escenas que  transcurren en la casa de Gallois, la tienda de Ginnatier, y otros espacios donde se desarrolla la acción ante los ojos del lector, así que sería ideal para representarse.

Los coleccionistas (bric-à-brac) es una obra curiosa y divertida a partes iguales que deslumbrará al lector por la capacidad de especialistas en transformar un objeto adquirido por unas cuantas monedas en un mercadillo, en una maravillosa pieza que multiplica su valor. Su autor ha sabido poner de relieve lo que significa para ciertas personas el coleccionismo de objetos antiguos: el arte como un lenguaje instintivo, un hábito, una necesidad.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es 

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