Cantos suspendidos

Cantos suspendidos entre la tierra y el cielo. Silvestro Neri. Traducido por Giovanni Caprara y Pedro J. Plaza. Editorial Independiente, 2017. 12 euros.

plantilla cantos copiaAlgunos proyectos literarios y editoriales surgen de la absoluta casualidad. Un viaje al Parque nacional del Pollino, situado en las regiones italianas de Basilicata y Calabria, propició el encuentro azaroso entre el profesor de la Universidad de Málaga Giovanni Caprara y el médico y poeta Silvestro Neri (Roma, 1951) en 2012. Años más tarde, un alumno de italiano de Filología Hispánica, Pedro J. Plaza, le sugirió al profesor que le recomendara algunos poemarios para traducir y aprender mejor el idioma de Dante. Entonces, Caprara, lejos de aconsejar a Petrarca, Leopardi o Pavese, le propuso Canti sospesi tra la terra e il cielo, el libro que le regaló Neri en aquel encuentro fortuito. Lo que no imaginaba Plaza es que aquella lectura iba a insuflarle el entusiasmo para plantear una edición bilingüe que sería realidad cuando el verano pasado Iván Martínez Hulin apostara y apadrinara este proyecto con Editorial Independiente. La editora malagueña ha publicado también una crítica con un estudio preliminar de los traductores, que está a la venta al precio de 14 euros.

A Neri lo que le ha interesado siempre no ha sido «ser poeta, sino que yo sea la poesía». Ese deseo lo llevó a vivir como hacen los rapsodas, «a pensar y a trabajar en soledad», después de huir de todo y casi del mundo entero, cuando un aciago verano decidiera abandonar su pueblo en la Toscana y condujera cientos de kilómetros hasta amanecer en la Provenza. En ese momento, como reconoce en el prólogo a este libro, eran «más las cosas no dichas que aquellas que no supe callar» y que clama desesperadamente en estos versos elegiacos a la memoria de su esposa, que falleció el 28 de junio de 1994. Sobrecogido entonces por la impotencia y el hondo dolor, se dispuso a buscar refugio en la ciudad de Aviñón donde, como recuerdan los traductores de esta obra, «el volcán de sus emociones entró en erupción y ebrio escribió durante las noches del célebre festival de la ville francesa la descorazonadora carta que dio y da pie a los Cantos suspendidos entre la tierra y el cielo».

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Presentación del libro en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga el  25 de mayo de 2017.

Esta es la historia de un hombre corriente, de un médico rural de Italia que acaba de perder a su mujer a causa de una grave enfermedad renal. Si en la medicina no encontró antídoto para salvar a su esposa de una muerte certera, en la poesía descubre Neri el remedio para sanar un corazón condenado a muerte. Su razón es un castillo de fantasmas donde habitan pensamientos encadenados y condenados: “Cada pensamiento es cadena de sí mismo/ la nariz se deforma en los espejos/ del malvado sentir tu pecado” (Nocturno). De ahí también que decida transgredir las reglas de puntuación y opte por acusados espacios tipográficos para establecer la pausa marcada por un punto o una coma. Incluso se disculpa por si acaso no resulta moderno y advierte que su lírica está destinada a un lector sensible que “tenga oído o corazón/ bastante adiestrados a leer” (Osiris moribundo).

Emulando a un Petrarca que cantó a su amada Laura, la destinaria de estos versos es Maria Sapienza, a cuya esencia atemporal el poeta se dirige (“Invoco tu nombre de éter apenas”) con el tierno apelativo “dolce mia bella”. Todo el poemario está marcado por el anhelo constante del regreso de su dulce esposa, aunque solo sea un espejismo, una silueta que se refleja en el cristal de la memoria y que se resiste a abandonar, aun cuando se deforma por el transcurrir del tiempo, marcado por el ritmo de los versos que nos advierte del paso de las horas, los días, los meses…, que traen los aniversarios al calendario.

Plaza y Caprara encuentran en Neri ecos de Borges, Kavafis e incluso motivos comunes a la poesía del chileno Huidobro, yo, en cambio, lo ubico más próximo al estilo sentimental de Cernuda. Si en Donde habite el olvido (1934) el sevillano expresaba su desolación a través del mítico recorrido por la memoria, Neri emplea los mismos temas (la soledad, la melancolía, el anhelo de libertad y de recuperar el amor) y la misma voz para hablar de la pérdida y del duelo.

Estos versos que manifiestan un hondo y sentido dolor, son la metamorfosis de las heridas en la valentía y el coraje necesarios para seguir adelante, aunque la muerte de la esposa haya castrado la vida de quien echa en falta “las repetidas cosas/ que hacen al hombre todavía hombre” (Canto desde Aviñón). No obstante, el poeta de la edad madura (como gusta definirse a Neri) consigue, al final del libro, reconciliarse con la existencia y trascender como un dios mortal que nos enseña la importancia del fluir del río que nos une en tiempo y espacio, ese en el que se encuentra el poeta que fue y que será.

Sara Roma,

sararoma@literariacomunicacion.com 

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