Entre dos nadas

Entre dos nadas. Francisco Brines. Prólogo de Alejandro Duque Amusco. Editorial Renacimiento, 2017. ISBN: 9788416981212. 360 pp. PVP: 14,90 €

entre-dos-nadasEn verano de 2008 el crítico literario Santos Sanz Villanueva mantuvo una entrevista con Francisco Brines (Valencia, 1935), Premio Nacional de las Letras Españolas (1999), que en 2010 recibiría el Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana. Aquella extensa conversación, que está publicada en la biblioteca virtual del Instituto Cervantes, se tituló “El don de vivir: paréntesis entre dos nadas”. Precisamente, esas tres últimas palabras son las que dan título a la reciente antología poética que ha publicado Renacimiento y que cuenta con el capital y provechoso estudio crítico del poeta Alejandro Duque.

Brines es uno de los poetas imprescindibles de la nómina española del siglo XX y uno de los más representativos de la generación del 50. Su lírica se caracteriza por una íntima voz más preocupada en cuestiones de índole metafísica y sentimental que en la reivindicación y la denuncia que ejercieron sus compañeros de grupo. Por tanto, su poesía está claramente marcada por la condición religiosa que, en palabras de Alejandro Duque, ha orientado de manera latente «su vida con cierto sentido que llamaríamos “de lo absoluto”». Pero aunque los referentes religiosos se prodigan en toda su obra, Duque lo considera un «poeta religioso sin religión […] que aspira a una eternidad pero sin Dios».

Con la perspectiva del tiempo y de la lectura de toda su obra, sorprende la madurez poética y humana que se observa desde sus primeros libros, Las brasas (Premio Adonais, 1960) y Materia narrativa inexacta (1965), donde el protagonista es un «hombre/ que siente madura su cabeza» y que sabe que su destino «es un grano diminuto de arena/ que el viento arrastra ciego».

francisco-brinesEsta original antología en la que los lectores han sido los “editores” que han seleccionado los poemas, es una perfecta síntesis de las cuestiones que han centrado su poesía: su preocupación metafísica, el paso del tiempo («El tiempo va pasando, no retorna/ nada de lo vivido») que pone fin al territorio seguro de la infancia y juventud, y que el poeta salva mediante su recuerdo: «Yo sé que olí un jazmín en la infancia una tarde, y no existió la tarde». Sin embargo, el que más gravedad tiene es la muerte, un asunto al que siempre vuelve en todos sus poemarios («mientras la vida alienta al hombre quiero/ mirar la muerte expuesta/ en aquello que, un tiempo, retuvo en sí la vida»). Por eso la mayoría de sus versos contienen un tono luctuoso o funesto. Sobre el lector continuamente planea la severa advertencia de que la muerte incesantemente acecha el porvenir de los hombres.

La profusión de figuras retóricas (metáforas, enumeración desordenada, encabalgamientos, oxímoron…) y el estilo traerán a la memoria al lector especializado algunos ecos de la poética cernudiana transmisora de soledad («al compartirla/ en otras soledades/ hace más viva la impotencia,/ y empuja al hombre entonces a regiones heroicas/ con sólo el sentimiento», deseo exaltado y amor insatisfecho, así como de Garcilaso de la Vega (la melancolía por el inexorable paso del tiempo y el amor idealizado en la naturaleza).

Palacio del otoño

Hablo de esta ciudad, y estoy hablando
de soledad y de pobreza.
Porque en ella yo habito.
[…]
¿En dónde están los sueños? Tengo
joven la frente,
vivos los pensamientos, rumorosa
y oscura la mirada,
la lengua
es hoguera de palabras, humo
claro la voz, y nunca tuve el pecho
tan hermoso,
tan poblado de amor.
Hablo de mí, y estoy hablando
de soledad y de pobreza.

Por su profundidad, es aconsejable no leer este libro de una tacada, sino dosificarlo y tenerlo como una lectura de cabecera. La poesía que nos trae Entre dos nadas es exquisita, elegante y necesaria, es la “la vida ya vivida” (p. 108) que inexorablemente se apura y que concluye con un anticipo del próximo libro titulado Donde muere la muerte, una «confesión y síntesis de una vida entregada al arte de la palabra».

Leer a Brines es reconocer nuestra propia existencia manifestada como un paréntesis entre dos nadas.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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2 pensamientos en “Entre dos nadas

  1. Es profundo y quisiéramos seguir leyéndolo toda una larga vida,este gran poeta que transpasa las fronteras porque sabe del tiempo y nos atrevemos a entenderlo y amarlo por el amor y el respeto que representa la Gran Poesía.Patricia Rivera Armesto.

  2. Muchas gracias, Patricia, por tu comentario. Me alegra de que ya disfrutases de la poesía de Brines. Yo no había leído ningún libro suyo, pero sí que lo conocía de antologías en las que aparece junto a otros autores. También tuve oportunidad de verlo en una conferencia en Málaga hace más de una década y me encantó.

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