Resort

Resort. Carlos Márquez. Salto de Página, 2017. 128 páginas. ISBN: 9788416148523   14.50 € 

Hace unos años me sorprendía gratamente Juan Carlos Márquez con su obra LosResort últimos (Salto de página, 2014), una historia sobre el fin del mundo y las posibilidades de supervivencia en otro planeta. En aquella reseña destaqué su vivo e impecable estilo literario al servicio de una narración verosímil «con un tiempo y un tempo perfectamente medidos». A pesar de ser aquella una distopía alejada de mis intereses, he de reconocer que deseé seguir leyéndolo. Por eso cuando hace un mes recibí su última novela, Resort (Salto de página, 2017), esbocé una sonrisa de satisfacción porque sabía que no me iba a defraudar.

De entrada, su título y su portada no dejan lugar a la duda: el lector reconoce las vacaciones como el asunto que centrará la historia. En un complejo hotelero de la costa española ha desaparecido un niño alemán. Por lo que los investigadores policiales retendrán durante setenta y dos horas a los huéspedes del establecimiento hasta que se esclarezcan los hechos. Sin embargo, este argumento es más bien la excusa con la que Márquez conduce al lector a través de una narración ácida e ingeniosa donde los dramas propios de las vacaciones de verano (hacerse con un hueco en la playa abarrotada, llegar los primeros al bufet o conseguir una tumbona en la piscina) le sirven para testimoniar el comportamiento del español de clase media.

Resort es el paradigma del verano y sus apariencias: de la obligación de ser felices y disfrutar con la familia de una semana en un establecimiento «todo incluido» que ofrece una completa jornada de actividades en cuadrantes (zumba, futbolín o el aquagym, «el momento del álbum de la metamorfosis, […] historia viva de la evolución de la mujer») y un bufet variado e insípido, donde las verduras que acompañan al arroz han salido de un frasco de conservas y la repostería y los helados salen de un preparado químico con sabor a jarabe infantil.

Resort es la estampa que se repite año tras año en los meses de julio y agosto en las masificadas costas de nuestra geografía: «La primera línea de playa es una hilera sin fin de toallas, tumbonas y parasoles vacíos donde el matrimonio y su hijo no encuentran un hueco». En esa ridícula fila está el retrato sociológico más fiel del español medio, del que destaca un espécimen que se critica de manera feroz: quien disfruta siendo el centro de atención, «el punto de fuga, el cielo recién despejado donde confluyen las miradas, como si la discreción fuera una enfermedad terminal». Por eso su autor acierta al no nombrar a sus protagonistas («En los hoteles las personas intercambiables, invisibles en su omnipresencia, atrezo») y al emplear el presente de indicativo durante toda la narración a fin de convertir al lector en protagonista-testigo de esta historia con la que seguramente se sonrojará si se siente identificado o se reconoce.

Una vez más Juan Carlos Márquez destaca con su singular y magistral estilo para describir una realidad que denuncia el egoísmo y la superficialidad de las relaciones, empleando metáforas cortas y directas que golpean nuestra conciencia.

Quienes se hayan quedado sin vacaciones de verano encontrarán en su lectura una razón para alegrarse.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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