Oriente

Oriente. Vicente Blasco Ibáñez. Editorial Renacimiento.ISBN 9788416981069. 328 páginas.

Existen autores que necesitan conocer los lugares donde se localizarán sus obras. Otros, en cambio, se conforman con consultar fuentes bibliográficas para documentarse. Blasco Ibáñez, que perteneció al primer grupo, viajó a lomos de un caballo, en coche, en barco o en tren para «satisfacer su espíritu curioso y reivindicarse como ciudadano de un mundo sin fronteras». Los viajes que emprendió por placer se convirtieron en crónicas periodísticas que recogían sus impresiones y, posteriormente, se han convertido en indispensables guías turísticas que, como una máquina del tiempo, nos transportan a un espacio que ya no existe. París, impresiones de un emigrado, En el país del arte (Tres meses en Italia), La vuelta al mundo de un novelista y Oriente, publicada hace unos meses por la editorial sevillana Renacimiento, son algunos ejemplos.

Esta obra editada con esmero por Emilio Sales se divide en dos partes: una primera, compuesta por una serie de artículos que reflejan las sensaciones del escritor por distintas ciudades europeas; y una segunda centrada en la capital oriental en cuyos capítulos Blasco Ibáñez carga las tintas literarias recreándose en lo exótico y pintoresco del territorio. En estas páginas queda expresado el enamoramiento y la conquista que supuso Turquía: «Yo soy ─decía─  de los que aman a Turquía y no se indignan por un prejuicio de raza o religión, de que este pueblo bueno y sufrido viva todavía en Europa […] Yo amo al turco, como lo han amado con especial predilección todos los escritores y artistas que le vieron de cerca» (p. 139). Por eso al escritor le molesta que Europa occidental se empeñe en arrojarlos al otro lado del Bósforo.

El periplo del valenciano denota a lo largo de estas páginas el estupor y la fascinación que sintió en cada una de sus visitas. Por ejemplo, de la ciudad balneario de Vichy, se distingue su casino, ese santuario al que acuden cada noche jugadores, señores maduros exóticos y pasionales cocottes que se asientan tarde y noche junto a la bayeta verde». En cambio, en la «liberal y clemente» Ginebra la realidad no responde a sus ilusiones y expectativas: «Es un Estado de relojeros pacienzudos y vendedores de peletería», manifestará. Pero será la ensoñadora ciudad de los magiares, la capital «más hermosa de Europa al primer golpe de vista» (p. 119), la que le descubra que está a las puertas del Imperio de Oriente.

La Europa occidental con sus ciudades cómodas y uniformes contrasta con la aglomeración de razas, lenguas y colores que ofrece la segunda parte, inaugurada con Belgrado, de la que se sorprende la profética definición del pueblo y de sus gentes: «El pueblo servio [sic] no es más que una tribu belicosa que cultiva la tierra». Belgrado, en esencia, le parece «una odiosa población de provincias» (p. 135), algo que volverá a constatar en Sofía, la capital de Bulgaria.

Lo bueno se hace esperar y el autor de Oriente sabe que ha merecido la pena el viaje para saborear la riqueza la diversidad de una Constantinopla que lo deslumbrará, como confiesa en una carta remitida a su esposa: «Resulta en la realidad más asombrosa de lo que uno creía. Esto es un país de Las mil y una noches» (p. 12).

En opinión de Ramiro Reig, las crónicas recogidas en Oriente destacan por su vivacidad, un rasgo que estaba ausente en sus libros de viajes precedentes, pero que ahora sobresale por el exotismo espacial y el protagonismo singular. Yo añadiría más: el escritor se despoja de su etiqueta Naturalista para mostrar un texto mucho más próximo al Modernismo. El escapismo y el cosmopolitismo se aprecian en un Blasco Ibáñez que, como sus predecesores románticos, encuentra la evasión en la tan ansiada Turquía, a donde llega buscando las huellas de la singular Bizancio y se encuentra con un mundo rutilante de odaliscas, eunucos y salones perfumados donde danzan coloridos derviches al ritmo de flautas y darbukas.

Sara Roma

literariacomunicacion@yahoo.es

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2 pensamientos en “Oriente

  1. Desde hace mucho tiempo sostengo que Blasco Ibañez es uno de los escritores peor tratado por el mundo editorial y olvidado por los lectores.
    Tú artículo nos lo trae al día y dan ganas de meterse a leer Orienta de forma inminente.
    Gracias por la reseña

    Miguel Urda

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