El megáfono

El Megáfono, Carlos Candel. ISBN 978-84-17393-59-5  130 pág. PVP 15€

Hace unos meses Carlos Candel regresaba a la narrativa con El megáfono (Tandaia, 2018), una novela que denuncia las perjudiciales relaciones intergeneracionales de nuestro siglo, la falta de comunicación y los efectos del mal uso y abuso de las nuevas tecnologías.

Sofía y su pandilla (Sergio, Marcos, Carol y Sebas) suelen pasar las tardes en un bosque cercano al instituto donde estudian. Un día encuentran un curioso objeto que cambiará sus vidas y la del resto de jóvenes. Se trata de un megáfono que les servirá para comunicarse con sus mayores, denunciar la falta de atención y conseguir que sus deseos sean órdenes. 

Es la adolescencia ese período marcado por los cambios físicos y emocionales, un territorio por el que es complicado transitar y del que solo se reconocen los errores cuando se ha salido de él («Cuando tienes quince años es difícil darte cuenta de que te estás equivocando» confiesa la protagonista). Sofía, la protagonista narradora, reconoce que no querían «convertirse en dictadores, solo deseaban que el mundo supiera de nuestra existencia». Por eso, comenzaron a pronunciar mensajes como: «Me gusta este tipo de música»; «este libro es muy bueno»; etc. Pero llegará un momento que con el altavoz afloren también los dramas familiares de cada uno de ellos: el paro, la violencia, los divorcios, la pobreza, los traumas… El megáfono será el único recurso posible para establecer la comunicación entre adultos y adolescentes hasta que ese canal se rompe y pasa a manos de un villano que establece una sociedad basada en la ausencia de normas.

Una oportuna cita del educador brasileño Paulo Freire (la existencia debe nutrirse de «palabras verdaderas con las cuales los hombres transforman el mundo; existir humanamente es pensar y pronunciar el mundo, es transformarlo»), con la que abre el libro, es la máxima con la que Candel nos conduce a lo largo de toda la novela con el objetivo de abordar  el paso de la adolescencia («ese territorio en el que prefieres aislarte antes que sentirte ignorado») a la madurez y los problemas reales a los que se tendrán que enfrentar.

Con un estilo ágil y vivo, el autor replica la comunicación de los adolescentes, a base de acortamientos y emoticonos, propios del argot internauta y de los chats móviles («ÔoÔ»; «S 1 gran ngocio! Podriamos sacar un buen catxo de tdo sto») incluso aparecen algunos vulgarismos morfológicos y laísmos que denotan la localización en la que transcurre la historia. Pero he de reconocer que este hecho, que es uno de los fuertes de la narración, es lo que personalmente más me ha disgustado y me ha producido mayor rechazo.

El megáfono es una novela que pone de relieve la importancia de la comunicación en esa convulsa etapa que es la adolescencia y la necesidad de establecer códigos de comunicación con los adultos. Siguiendo la línea de su anterior novela distópica, nos plantea interesantes preguntas (¿Sería posible una vida anárquica? ¿Cómo sería el mundo si estuviera regido por jóvenes que abolieran leyes absurdas?) que cada cual responderá cuando termine su lectura.

La novela es una alegoría sobre el efecto que tienen las tecnologías en nuestras vidas. Los móviles han actuado sobre la escritura, pero también sobre la oralidad porque la comunicación tecnológica anestesia los sentidos, por eso hoy muchos jóvenes no miran a la cara cuando se les habla.

Lo que más me ha gustado es el giro inesperado de la voz narrativa al final de la historia, que como ya nos anunciaban las páginas de la novela, es triste y desasosegante aunque con un tono moralizante. A través de la historia de Sofía, Carlos Candel nos apremia a eliminar las evasivas, indirectas y las frases vacías de contenido y retomar la comunicación para evitar que la vida pase por delante de nuestros ojos sin manifestar el amor que sentimos hacia nuestros prójimos, para escuchar las necesidades y deseos de quienes tenemos a nuestro lado.

Sara Roma

literariacomunicacion@yahoo.es

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