Regalos de invierno

Regalos de invierno. Sidonie-Gabrielle Colette. Elba editorial. Traducción: Anna Maria Iglesia Pagnotta. ISBN: 978-84-947966-8-5 Páginas: 112 P.V.P.: 19.00 €

Sidonie-Gabrielle Colette, más conocida como Colette, fue una escritora francesa célebre por sus novelas Claudine (1900-1907), Chéri (1920) o Gigi (1944), que fue adaptada al cine por Vincente Minnelli en 1958. Para ganarse la vida ejerció numerosos oficios, entre ellos el de actriz y bailarina. Por supuesto, también colaboró como periodista y articulista en distintos medios de comunicación de la época (Le Matin, Vogue, La République…). Regalos de invierno, editado por Elba (2019) recoge buena parte de sus artículos centrados en su infancia. Son recuerdos de los inviernos, de las fiestas navideñas: «Con la delicada y silenciosa caída de los pétalos, uno a uno, estos recuerdos vienen para llenar esta pantufla que ha caído de mi pie desnudo, frente a un desordenado fuego, donde resucita y se consume la imagen de una niña fresca y sana, con un mandil de lana negra, enrojecida por el frío o sonrosada por el sol, con los pies impacientes dentro de su zuecos de fresno ennegrecido y que no sabe qué son unos zuecos de Navidad»).

Portada de Regalos de invierno

Para la autora francesa el tiempo perdido y su búsqueda está asociada a una melancolía estéril, pero necesita rescatar los recuerdos de su niñez en la borgoña donde recibió una educación laica y dio rienda suelta a su pasión por la naturaleza. Estos relatos están salpicados de imágenes y recuerdos que se repiten a lo largo de las Navidades: el pudding blanco bañado con salsa de albaricoque; los zuecos que se colocaban en la chimenea el 25 de diciembre; el sonido del tambor municipal que sonaba a primera hora de la mañana del día de Año Nuevo o las largas tardes de invierno al calor de la lumbre del hogar.

De esas delicias paganas surge esta religión doméstica con su invierno y su Navidad irrumpiendo a través del gran y alegórico disfraz de abeto. Sin embargo, los lejanos recuerdos de Navidad son para Colette adornos y no símbolos, puesto que ni su imaginería ni sus canciones han arraigado en ella: «No creo que, entre la oscuridad del pasado, los cristianos de los que desciendo me hayan preparado para estremecerme durante aquellas noches por una gracia inesperada». Reconoce que a pesar de su juventud, ya entonces la Navidad se apreciaba como algo distinto a los regalos, las visitas obligadas, o los paseos por los escaparates de las tiendas y se conformaban con la misma rutina de siempre (el mismo pastel; el pequeño árbol de siempre) y el mismo protocolo de emociones y de deseos naifs.

Sin embargo, más allá del mero cuadro anecdótico, de estas páginas se desprenden retazos de su educación y de su ambiente familiar en el que jugó un papel fundamental su madre que ejerció una influencia esencial en su papel de escritora. Sidonie Landoy le inculcó una educación laica y alejada de los estrictos convencionalismos sociales de la época (contrajo matrimonio en cuatro ocasiones), forjándose en ella la personalidad rebelde y curtida que la acompañó durante toda su vida para imponer su criterio y ejercer su libertad.

Regalos de invierno es un ejemplar breve pero con una cuidada edición acompañada de fotografías del pueblo y de la familia de la escritora (cuya traducción ha estado a cargo de la periodista cultural Anna María Iglesia), que ofrece al lector una lectura intensa y repetitiva. Una sensación lógica ya que se trata de un puzle compuesto por la recopilación de artículos publicados en distintos medios franceses, desde 1909 hasta 1948. Si ya es difícil que sobreviva y triunfe un libro de artículos de opinión actual más allá del círculo de lectores fieles (sirvan de ejemplo los de Pérez-Reverte o Javier Marías, que se venden entre quienes solo leen sus publicaciones dominicales), mucho más complicado es que agraden y calen estos relatos inocentes protagonizados por una joven de provincias. En cualquier caso, algunos textos como “Cada año, en la época de los libros para regalar…”, “Frente al fuego” y “Feliz año”, suponen una lectura que provechosa.

Sara Roma,

literariacomunicacion@yahoo.es

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